Odio gran reserva


El odio de verdad es el que se trabaja día a día. Bien entrenado. Enseñando músculo sin complejos. Con los años, se logra un gran reserva sin necesidad de barrica ni de roble francés. El relato de la novia de uno de los guardias civiles agredidos en Alsasua es una fotografía de ese odio bien cimentado que no deja lugar a la improvisación. «Nadie salió en nuestro auxilio, nadie trató de frenar el ataque o de llamar a la policía o la ambulancia. La gente lo alentaba y aplaudía». Habló de la ira explosiva, la de los golpes y vítores en el bar. Y describió la falsa calma después de la tormenta. Con el péndulo oscilando entre el silencio y el insulto. Susurros. Miradas. Neumáticos rajados. Pancartas. «El pueblo no perdona». Con un poco de épica los acosos siempre lucen mucho mejor. Aunque la dosis es excesiva cuando se intenta vender que el ataque fue una riña de taberna, una discusión de chiquillos. La declaración de María José es la historia de una de las partes. Pero, lamentablemente, suena a otras historias anteriores. Repasarla es como releer Patria.

Vecinos de Alsasua y del resto de Navarra se han movilizado durante todos estos meses para exigir «justicia y proporcionalidad» para los acusados. Terrorismo. Esa palabra escuece. Pesa. Permanece en el aire. Nadie debería contribuir a banalizar su contenido. Ni dentro ni fuera de los tribunales. Por rigor con el presente y respeto al pasado. Tampoco habría que trivializar la aplicación de la prisión preventiva. Pero los que se manifiestan también deberían pedir proporcionalidad para la condena de las víctimas. Eso no ocurrirá. Hay odios que siguen en plena forma.

Valora este artículo

2 votos
Comentarios

Odio gran reserva