Crónica del frente de Madrid


La batalla de poder que se dirimirá en las elecciones que vienen, municipales y estatales, ha comenzado. La inauguró Mariano Rajoy en Sevilla, la aceleró el episodio del máster y los ejércitos están desarrollando ya sus hostilidades, especialmente sangrientas en el frente de Madrid. Por el momento son peleas internas de cada ejército, entre la artillería y la infantería. Va a ser cuestión de emitir un parte diario, porque promete ser apasionante para aficionados a la política.

En la primera jornada hemos visto cómo Cristina Cifuentes, de acuerdo con la tesis de la mejor resistencia, no renuncia al mando y, si hay que morir en la trinchera, quiere morir enarbolando su bandera fundacional: ella es la lucha contra la corrupción. Y así, presenta denuncia por el gasto descontrolado de la Ciudad de la Justicia, obra nonata, pero carísima, de su dilecta Esperanza Aguirre. Podrán derribarla por el máster, pero, si tiene que irse, se irá como martillo de corruptos. Es como el Real Madrid: necesita unos minutos más para marcar el gol de la victoria y la clasificación. Y vaya usted a saber: le puede salir. Todo su ejército trabaja en ese objetivo.

Los primeros regalos se los hizo la izquierda. El secretario regional del PSOE le dijo a Carmena que sería una buena candidata de su partido y los cronistas de guerra certificaron: es que los socialistas no tienen ni un nombre idóneo. PSOE y Podemos presentarán juntos la moción de censura, si llegan vivos a ese momento, pero intentan robarse candidatos. Creo que no es así, pero ese es el relato de opinión publicada; por lo tanto, el que queda para la historia.

Y en cuanto a Podemos, una acción que podría ser lógica, como la de aspirar a liderar una fuerza política, se convirtió en una conspiración. En un partido de disciplina estalinista se recibe como una traición. Si Carolina Bescansa, una de las mejores cabezas de Podemos, fue apartada en otro tiempo por hacer una razonable crítica al líder que se considera indiscutible, ahora va a ser guillotinada. Es la enemiga interior. Errejón, el otro gran valor, que también fue sometido a la penitencia del segundo plano, se salvó de milagro por el pacto de la unidad que Pablo Iglesias tuvo que precipitar para que no cundiera el pánico en el militante. Quizá tenga razón Verstrynge: si esto llega a ocurrir un mes antes de las elecciones, a Podemos no lo vota ni la familia de Pablo Iglesias.

Informe apresurado del frente de Madrid: la izquierda pone el espectáculo, la derecha maquina y se divierte, Ciudadanos se crece, pero quédense con el mensaje de que la derecha maquina. Y, cuando la derecha maquina contra alguien, es para que Albert Rivera, el nuevo enemigo, se ponga a temblar.

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