Los flecos de la licenciada Cifuentes, lo que de verdad importa

Un momento de la performance 'Intensional Particle' de Hiroaki Umeda
Un momento de la performance 'Intensional Particle' de Hiroaki Umeda

Cristina Cifuentes prueba ahora con pucheros y lloriqueos ñoños. Había probado con denuncias a periodistas, con simulaciones de resistencia y coraje y hasta con intentos patéticos de sarcasmo (¿recuerdan aquel canturreo infantil? «A los que queréis que me vaya, no meee vooooyy, noo me vooooy»; qué injusta es la vergüenza ajena, por qué me tengo que poner colorado yo al pensarlo). Ahora dice que fue víctima de aquellas facilidades que le dieron, que renuncia a su máster y adelgaza la voz hasta casi el llanto para añadir que haga lo que haga la critican, si dice una cosa, la contraria o la intermedia. Pero ya nos había contado ella misma cómo se hacía la rubia, así que ahora no cuelan sus pucheritos. Alguien debería explicarle que no se puede renunciar a haber hecho un máster. Y mucho menos uno que no se hizo. Se puede renunciar a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, pero no a un máster que no se hizo. Y alguien debería explicarle que no es lo mismo mentir que falsificar. Una cosa es decir que se tiene un título que no se tiene y otra falsificar el título. Lo de Pablo Casado demuestra que es un insolvente, un mentiroso y un bluf y lo de Toni Cantó sólo confirma que es lelo, pero no hay falsificaciones ni tramas delictivas detrás. Que no se haga ilusiones porque su partido se ponga a echar espumarajos sobre el país entero, como la niña poseída de El Exorcista, intentando pringar a todo el mundo. Ella está acabada y en mal estado de conservación, sólo debería concentrarse en no oler. Pero su caso tiene interés. Su caso es más una caricatura, una exageración bufa de cosas habituales, que un monstruo solitario. Miremos algunos flecos de este vodevil.

La casta, la banda y sus prebendas. Cristina Cifuentes se arrodilla ante Rajoy y entona el hágase en mí según tu palabra. Ella sabe lo que hace. No es tonta y sabe contar. Tiene que hacer exactamente lo que le convenga al partido, a la banda. Hay mucho en juego. Puede que le den una embajada, como a otros mindundis. Y si no una embajada, algún chollo habrá de esos que no requieren máster para cobrar un pastón. Como digo, esto es sólo una caricatura. Cada vez tenemos más ex-cargos y hay que pagarles los servicios prestados. Están, por un lado, los privilegios que les conceden las leyes. Y, por otro, las gangas que siempre se pillan desde los cargos públicos y desde el calor de la banda a nuestro cargo. A veces deforman la estructura del Estado para que quepan los atechados. Otras veces entran en nómina de grandes empresas que trafican con nuestras necesidades básicas. Por eso Cifuentes aguanta. Lo dijo Cospedal. Cifuentes es de la banda y hay que estar al lado de los nuestros. Cifuentes recibirá en diferido el justo precio por su ridículo actual. Cuando apareció Podemos y extendió aquello de la casta, no exageraba. Y cómo se enfadaron todos.

La universidad por los suelos. La primera rueda de prensa del Rector de la Universidad Rey Juan Carlos hizo evidente todo lo que había pasado e hizo que lo que había pasado hiciera el mayor daño posible. Creyó que lo que él dijera zanjaba el tema. Y fue la voz de su amo político. El Rector clavó la estocada a su universidad y a la de los demás proclamando la inocencia de Cifuentes cuando era evidente que a él no podía constarle esa inocencia. Dijo lo que podía decir alguien sin capacidad para entender las dimensiones de lo que acababa de ocurrir y seguramente sin capacidad para encontrarse el culo usando las dos manos. Y ahí sigue en la poltrona, como digno sucesor de aquel otro Rector que plagiaba y que decía que era normal plagiar. Su intervención mostró la enfermedad autoinmune que padece España: los partidos necesarios para la democracia son a la vez carcoma de la democracia, corroen instituciones, pudrieron la banca pública y alcanzan a la Universidad. La maniobra política de dejar churruscar a Cifuentes escandaliza a la buena gente que se pregunta si no se dan cuenta del daño que hacen a la imagen de toda la Universidad. Buena y cándida gente. ¿No se acuerdan de que llegaron a decir que nuestra policía conspiraba con ETA para matar a nuestros ciudadanos sólo para hacer daño a Aznar? ¿Por qué aquella banda del 11M iba a respetar más a la Universidad que a la policía?

Sin izquierda. Al PP sólo le importa la gestión de sus intereses electorales. Deja el cadáver de Cifuentes apestando porque, de todas las posibilidades, Rajoy cree que la mejor es forzar a C’s a votar la moción de censura con Podemos. Veamos. Si C’s vota la moción con tan malas compañías, disgustará al electorado más de derechas y tendrá algo de crédito para el electorado más templado, por aquello de no tolerar la indignidad de la vida pública. Pero a Rajoy no le preocupa que Rivera caiga bien a los moderados y sí le preocupa que caiga bien a los más conservadores. Esto ocurre porque Rajoy no le tiene ningún miedo a la izquierda. Ni el PSOE, ni Podemos, ni la suma de los dos le preocupan. Le preocupa C’s. Y lo que le preocupa de C’s es que le quita los electores más conservadores. Por eso quiere que disguste a los fachas. La izquierda debería tomar nota: nadie les tiene miedo, ya ni hablan de Venezuela y hasta reabren la embajada. Y es que el electorado de izquierdas y los partidos de izquierdas son tal para cual. Los electores progres no necesitan nada para dejar de votar, tienen más compromiso con la imagen que quieren dar al día siguiente en la tertulia que con la política del país. Y los políticos progres más o menos igual, necesitan poco éxito, apenas salir un par de veces en la prensa, para tener un ego que gestionar por encima de las circunstancias del país. Mientras Madrid se degrada en un cutrerío insuperable y la muerte de Luis Montes nos recuerda hasta dónde llegó el latrocinio y hasta la crueldad de los gobiernos del PP, unos andan jugando con mensajes de móvil, para dinamizar el momento político o algo de eso, y otros hacen como fingen una propuesta a Carmena que deja la cabecera socialista hecha un erial. Quien haya soltado el mensaje que enredó a Podemos debe sentirse orgulloso: alcanzó el nivel habitual de la izquierda política y votante. Pero que no se les olvide: Rajoy quiere enfrentar a Rivera con los fachas porque a la izquierda ni la ve siquiera. Que los niños sigan jugando con el móvil y los votantes progres sigan jugando a ser lumbreras críticas mientras chapotean en la irrelevancia.

Mediocridad. El caso que nos ocupa provocó un terremoto en los currículos de nuestros representantes. Igual que cuando tiembla la tierra empiezan a caer paredes y edificios, el temblor hizo caer de los currículos títulos y honores. Seguimos con listas electorales muy cerradas que hacen que la suerte de los políticos dependa de lealtades internas de partido más que del aprecio de los electores. Un sistema de lealtades premia más a mediocres y lameculos que a gente de mérito y así el nivel se degrada. Hay demasiado ramplón que no tuvo más oficio real en su vida que la militancia (no la gestión pública, la militancia) y que tiene que adornarse inventando estudios o inflando actividades de medio pelo. Como sigan así, llegarán a colgar del currículum los certificados de las vacunas que tengan.

Másteres desregulados. La gente debe ir tomando nota de lo que pasa con la banalización de los grados y el paso del peso académico y atribuciones profesionales a los másteres. No se puede pasar de un sistema de licenciaturas fuertes a un sistema de grados sin peso cuando todavía el territorio de los másteres es un jardín sin podar y sin regular, donde la banalidad académica, la excelencia o la trapacería se mezclan en desorden. Es un tema digno de tratamiento más demorado.

Qué falta de principios y de afán de servicio hubo en PP y C’s, el PP porque en él creció la barbarie y C’s porque demostró falta de principios y hasta de escrúpulos. Dirá después Rivera que fue él el que echó a Cifuentes. Le contará a Vargas Llosa cómo organizó la manifestación feminista del 8 de marzo y cómo limpió Madrid después.

Valora este artículo

13 votos
Comentarios

Los flecos de la licenciada Cifuentes, lo que de verdad importa