Siguen en Babia


Parece mentira pero sesenta años después de crear la organización terrorista y siete más tarde de deponer las armas y derrotados como están, los descerebrados de ETA siguen en Babia. No quieren enterarse de la realidad. El comunicado de ayer no tiene desperdicio. Es una antología del disparate, la insensatez, la cerrazón y la ceguera permanente, adobada con un cúmulo de necedades, hipocresía y desvergüenza. Lo mejor del comunicado etarra ha sido la petición de perdón de los obispos vascos por su complicidad con los terroristas.

Para empezar por algo, ETA habla de «daño causado» y «sufrimiento originado», como si fuesen ocasionados por los indios navajos en una orgía de adoración al dios sol. Las víctimas mortales las causó la banda y entre ellas se encontraban esos «ciudadanos y ciudadanas sin responsabilidad alguna», a los que pide perdón, distinguiendo diferentes clases de muertos, como si no todos acabaran en los cementerios.

El cinismo etarra que transpira la nota no tiene límite. Tras reconocer «ser conscientes de que con la lucha armada hemos provocado mucho dolor» sitúa a la misma altura a «muertos, heridos, torturados, secuestrados o personas que se han visto obligadas a huir al extranjero», lo que quiere decir que entienden que el sufrimiento ha sido el mismo para los que descansan bajo una lápida o los que residen en chalés unifamiliares de Venezuela. Y por todo ese «sufrimiento» que imperaba nada menos que desde el bombardeo de Gernika, muestran su compromiso «con la no repetición del conflicto», sin reconocer que si tal repetición es inviable por la derrota humillante que el Estado de Derecho les ha infligido.

Al menos en una cuestión acierta ETA. Cuando asegura: «Hemos provocado graves daños que no tienen vuelta atrás». Efectivamente, 829 muertos que lo fueron por no pensar como ellos. Y ahora nos vienen hablando de reconciliación.

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