La hora de Bill Cosby


El doctor Cliff Huxtable parecía el padre perfecto. De esos capaces de criar a cinco hijos sin perder el buen humor, pero sin dejarles pasar ni una. Los métodos educativos de los Huxtable no tenían nada que envidiar, como pedagogía de consumo televisivo, a las técnicas de Supernanny. Pero el protagonista de una de las comedias más populares de los ochenta resultó tener una doble cara. A Bill Cosby le llegó su hora esta semana en forma de condena por tres delitos de agresión sexual que incluían narcotizar a la víctima como paso previo. Él no era una manada. Era un lobo solitario y reputado del que nadie sospecharía. 

Su papel en La hora de Bill Cosby como desenfadado ginecólogo de llamativos jerséis de dibujos lo convirtió en un cómico mundialmente respetado. Su serie reflejó por primera vez la vida de una familia de raza negra de clase media-alta sin los estereotipos dominantes. Después vendrían clásicos como El príncipe de Bel-Air, pero Cosby fue primero. En una entrevista con Larry King en la CNN en 1991, el actor bromeaba con que el sueño de todo hombre era conseguir una droga de nombre español que, con una gota ínfima administrada en la bebida de una chica, le otorgaba a él el poder absoluto. Era un chiste, claro. Todos rieron. Les parecía gracioso. Era Bill Cosby.

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