Un voto pero que muy particular


Treinta y dos años de jurista no son suficientes para entender el voto particular emitido por uno de los magistrados encargados de juzgar a los integrantes de La Manada. Aún así la sentencia fue insuficientemente condenatoria, ya que la violencia contra la chica resultó insultantemente evidente. ¿Qué pretendían los miembros de la sala? ¿Qué estos bárbaros le pegasen dos tiros a la joven o la apuñalasen hasta que se viera en la imperiosa necesidad de mostrar una mueca de dolor? El magistrado discordante pretendía absolverlos por deducir que la brutal agresión no fue tal, ya que los hechos ocurrieron en un ambiente de «jolgorio y regocijo» y que los sonidos que se escuchaban en dicha grabación no eran otra cosa que «gemidos o jadeos de carácter sexual». ¿Actitud machista la de este juez? Probablemente no, lo que casi es peor. Sí actuó valientemente, pues es de suponer que se imaginaría que la que se le viene encima va a ser de órdago. Un juez, con independencia de que posea menos sensibilidad que un erizo, tiene que ser más audaz que el guerrero del antifaz a la hora de dictar lo que en conciencia cree que es acorde a derecho. Eso sí. Para dictar una sentencia de estas características tiene que quitarse previamente la máscara para apreciar nítidamente que lo que le hicieron a esta muchacha fue una violación en toda regla.

Valora este artículo

2 votos
Comentarios

Un voto pero que muy particular