¡Milagro, el dinero ha aparecido!

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Para Rajoy, hasta hace poco, exigir que las pensiones subieran con respecto al IPC era una tomadura de pelo, engañar a la gente, algo inasumible. Argumentaba, como paladín de la responsabilidad, que no se podía gastar lo que no se tenía y llamaba a no hacer política con este asunto. No había más recursos para los mayores y punto. Lo repitió una y otra vez. Pero, ¡oh, milagro!, el dinero ha aparecido. Todo lo que dijo se ha demostrado falso: sí que lo había y sí que ha utilizado la subida de las pensiones políticamente y en interés propio para asegurarse llegar al final de la legislatura, que desde hace tiempo es su único objetivo. Cuando algunos escribíamos hace dos meses que «siempre hay dinero si se quiere que haya dinero» o vaticinábamos que lo encontraría «hasta debajo de las piedras» no estábamos haciendo demagogia, sino anticipando lo que ha pasado. Rajoy necesitaba imperiosamente el apoyo del PNV para sacar adelante los Presupuestos, porque en caso contrario su carrera política estaba finiquitada. Los nacionalistas vascos, que juraron y perjuraron que no los negociarían mientras estuviera vigente el artículo 155 en Cataluña, también mentían. No estaban dispuestos a poner en riesgo las concesiones millonarias de Rajoy para comprar su apoyo en forma de inversiones y de cuponazo, ni por Cataluña ni por nadie. Subir las pensiones les servía para hacerse perdonar su traición a los hermanos catalanes. Afortunadamente, los pensionistas se han visto favorecidos por este juego de intereses, gestado además al margen del Pacto de Toledo, pero la política ha quedado otra vez por los suelos, porque se ha confirmado que la mentira es la norma y lo que un día es negro al siguiente puede ser blanco si se saca partido. 

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