Robots amigos


Cuando los móviles emergieron por primera vez, nadie podía imaginar que aquellos aparatos superfluos acabarían siendo claves en nuestras vidas. Los japoneses pronostican que, igual que nos hemos entregado al smartphone, pronto haremos lo mismo con los robots. En ese camino van ellos a velocidad de crucero con el objetivo de sorprender al mundo en los Juegos Olímpicos del 2020. Jalis de la Serna ofreció la semana pasada un adelanto de lo que se está gestando en el país con la mayor tasa de autómatas por habitante y donde las carencias derivadas de la baja natalidad y el envejecimiento de la población se están cubriendo con el desarrollo de la inteligencia artificial.

Enviado especial, que en su segunda temporada pone el foco en mirar hacia el futuro (mañana entrará en el MIT), mostró cómo serán en el 2020 algunas viviendas, con puertas que se desbloquearán por reconocimiento facial, grifos que dispensarán la cantidad de agua exacta requerida por comando de voz y espejos que medirán las constantes vitales. Aplicando una visión sintoísta a esos cuerpos rellenos de microchips, los robots son compañeros habituales en hospitales y geriátricos y funcionan como operarios en fábricas donde trabajan dos horas más que los empleados de carne y hueso porque no necesitan pausa para el almuerzo. Desde los aparcamientos de bicicletas hasta los tanatorios, todo está automatizado hasta límites tan tentadores como inquietantes.

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