ETA ha sido derrotada


Euskadi Ta Askatasuna (ETA) es, por fin, pasado. Desde ayer ya no habrá vuelta atrás más que para lamentar que forme parte de la negra historia de los tiempos que nos ha tocado vivir, pero la buena noticia que cabe destacar es que la democracia española ha conseguido derrotar al terrorismo. No ha sido poco el sufrimiento originado en estos casi sesenta años. Su recorrido criminal ha supuesto, según la cifra oficial del Ministerio del Interior, 858 personas asesinadas. A ello hay que sumar toda la red de apoyos e infraestructura logística que le permitió vivir hasta ahora.

En realidad, la banda terrorista dejó de existir a partir de octubre de 2011. Ahora solamente escenifican su habitual propaganda para anunciar su disolución. El primer asesinado de ETA fue el guardia civil José Pardines el 7 de junio de 1968, cerca de la localidad guipuzcoana de Villabona. Su última víctima, el gendarme francés Jean Serge Nérin el 16 de marzo de 2010. En este intervalo de tiempo, uno de cada tres atentados sigue sin estar ni resuelto ni juzgado (aquellos que se produjeron hace dos décadas ya están prescritos).

Hace años nos habíamos acostumbrado a ver en los medios de comunicación noticias de detenciones de etarras por parte de los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado. También a que los periodistas analizasen minuciosamente cada palabra e imagen de sus comunicados. Hoy esas informaciones, al igual que la de visionar las declaraciones de los etarras ante los jueces de la Audiencia Nacional, han ido disminuyendo hasta tal punto de formar parte de noticias de menor interés. Pasos hacia adelante han sido los que hemos podido oír con el relato de miles de personas en Euskadi que estaban extorsionadas y amenazadas y que ya no precisan de escolta ni tienen que mirar debajo de su coche antes de subirse. Un paso de gigante hacia la libertad que tuvieron que conseguir con la recuperación de la democracia, pero que desgraciadamente quedó lastrado por la sinrazón terrorista.

La sociedad vasca no debe olvidar lo que pasó. Toca construir un relato veraz, una memoria con valores éticos y democráticos. En ello juega un papel fundamental la izquierda abertzale, que debe asumir que la violencia siempre estuvo mal y que no tenía justificación alguna su amparo ni justificación. Sin ese paso, sin ese reconocimiento, habrá una nueva frustración para quienes lo único que queremos es que haya política, no pistolas ni amenazas en ningún caso.

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