Empate y marasmo ideológico


Lamento decirlo, pero si el barómetro del CIS retrata fielmente el panorama electoral español, estamos al borde del marasmo ideológico. No hay una fuerza política que domine claramente el escenario. Por lo tanto, sería complicadísima la formación de gobierno. La ventaja del partido hoy gobernante sobre el partido siguiente es tan limitada que incluso hoy, sin necesidad del veredicto de las urnas, le resta autoridad moral para imponer sus criterios. Una situación de práctico empate entre el PP, Ciudadanos y PSOE, con un Podemos situado otra vez en subida, dibuja un horizonte donde los pactos y posiblemente las coaliciones de gobierno serán inevitables, con lo difícil que resulta en los países mediterráneos (véase Italia y nuestro propio ejemplo en el 2015) sellar algo parecido al de la CDU y el SPD en Alemania.

Si se piensa que lo importante de las encuestas no es lo que dice una, sino la tendencia que muestran, el horizonte todavía se puede complicar más: Ciudadanos puede convertirse en el primer partido (ya lo es en intención directa de voto); el PP puede perder su hegemonía, que sería un auténtico terremoto, dado el poder territorial que ahora tiene, y el PSOE sigue teniendo el mismo motivo de reflexión de los últimos años: por qué, siendo el principal partido de oposición, no saca ninguna rentabilidad del espectacular desgaste del Gobierno; por qué, siendo el referente de la izquierda, no consigue atraer a los decepcionados de un Gobierno de derechas, y por qué permite que un recién llegado como Ciudadanos le adelante en intención de voto. Tiene que ser muy humillante no solo no crecer, sino ceder el segundo puesto a Albert Rivera.

El PSOE se lo tiene que hacer mirar, porque no es normal que un partido de derechas -bueno, dejémoslo en liberal- como es Ciudadanos dispute la supremacía a otro partido de derechas. Y es menos normal todavía que la gran batalla de poder se esté dirimiendo entre dos fuerzas políticas del mismo signo, y ambas con posibilidad de ganar, aunque sea con una exigua victoria. ¿Es que este país se ha vuelto de repente conservador, después de llevar decenios confesándose de centro-izquierda? Pues parece que sí: la intención de voto del PP y Ciudadanos suma el 46,4 % de los teóricos votantes. La de PSOE, Unidos-Podemos, los Comunes, Compromís y En Marea no llega al 42 %.

Traducido al esquema político habitual, que se prepare Albert Rivera. Va a ser atacado por tierra, mar y aire y por todos los demás agentes: por Rajoy, porque es su adversario mortal; por Pedro Sánchez, porque lo aparta de la carrera, y por el resto de la izquierda, porque hoy mismo le arrebata a Pablo Iglesias esa corona que le gusta ponerse de ganador.

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