El enigma que viene


El CIS da unos disgustos que para qué. Sobre todo a Rajoy y a Pedro Sánchez, que salen poco favorecidos en los últimos sondeos. Claro que ya nos tienen acostumbrados a que cuando las cosas no pintan bien recurren a que las auténticas encuestas son las de las urnas. Y tienen razón, aunque no tiene que decir lo mismo Ciudadanos porque escala puestos a toda velocidad. Ya se sitúa como segunda fuerza a solo punto y medio del PP y medio por encima de los socialistas. Y Rivera aparece como segundo líder mejor valorado, listado en el que Rajoy figura último, por detrás de Iglesias y Tardá.

Dejando al margen el cumplimiento o no de las previsiones, lo cierto es que a día de hoy nos pintan a un PP al borde del colapso y a un PSOE sin aliento. Parece que a Mariano Rajoy se le acabó la baraca, esa especie de bendición divina que se atribuye a los que van por la vida con más suerte que méritos y a Pedro Sánchez, el plazo de confianza que siempre se otorga y que, por lo visto, ha desaprovechado ya que en él no confía ni el 60 % de sus votantes.

Pero ¿dónde está el éxito de Ciudadanos para ir escalando puestos a tal velocidad? Pues en no comprometerse. En lo insustancial de su programa, y en que carece de pasado, por lo que está libre de acusaciones. Ciudadanos no se implica; está a la expectativa y solo da el paso cuando ya es un clamor popular, como ocurrió con la masterizada Cifuentes.

Además, Ciudadanos gana puestos porque los demás pierden. El CIS nos presenta en sus últimos trabajos a un PP noqueado, con el prestigio por los suelos y sin capacidad de reacción. Han sido demasiados errores, ofuscaciones, soberbias y torpezas que lo han llevado a donde nunca creyó llegar, con el 76,2 % de los ciudadanos asegurando que la situación es mala o muy mala.

El Gobierno de Rajoy no ha resuelto ni uno de las principales preocupaciones de los españoles, según nos dijo ayer el CIS: paro, corrupción, problemas económicos, pensiones o Cataluña. Ni una. Y a buen seguro que tampoco las resolverá Ciudadanos. Pero el CIS insiste en que viene lanzado. Y es que a los españoles nos encantan los enigmas; lo esotérico y lo desconocido. Y nos pirra lo insustancial y lo hueco.

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