Cancioncitas


El algoritmo de YouTube cree saberlo todo de nosotros. Con su lógica sistemática, la fórmula indujo a Salvador Sobral a ver una de las canciones favoritas para sucederlo en el trono eurovisivo: Toy. Estadísticamente no había fallo posible. De todas las aspirantes, el cacareo israelí se había convertido en las últimas semanas en el tema más popular en YouTube y en Spotify y millones de seguidores no podían estar equivocados. Pero la matemática no entiende de matices. En una de las escasas entrevistas que el cantante concedió estos días, puso la excusa por delante: «YouTube me obligó a verlo». Y luego admitió la terrible verdad sin censura: «Abrí aquello y salió de ahí una canción horrible». Tal vez Sobral, abrumado por su triunfo, albergó en algún momento la esperanza de que su exquisita Amar pelos dois supusiera un punto de inflexión en esta verbena. Nada más lejos de la realidad. Responsables de la productora de Operación Triunfo y de la puesta en escena de Amaia y Alfred admitieron que este certamen, para muchos un acontecimiento tan relevante como para otros la Champions, no es más que «un festival de cancioncitas», así, en diminutivo. Al final Sobral tenía razón cuando reivindicó que la música no son fuegos artificiales. La música, no; Eurovisión sí.

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