¿Y dónde empieza lo estrictamente privado?


Aunque lo neguemos, a todos nos gusta saber cosas de los demás, sobre todo aquello que es más comprometido e íntimo. Hay quien le gusta contar su vida y no pone criba ni problema alguno en relatar su día a día, con lo cual poco hay que investigar a quien se abre totalmente a que los demás sepan de su vida. También existen los del bando contrario, los que son muy cerrados y reservados. Como todo es cuestión de gustos optar por una opción u otra. En muchas ocasiones, aunque no lo queramos, tenemos que tomar la decisión de actuar en contra de nuestras ideas, pero los tiempos que vivimos nos exigen actuar de una manera.

El cotilleo extendido ayer de la vivienda que han adquirido Pablo Iglesias e Irene Montero es un ejemplo. Veo cierta coincidencia en reconocer que están en su legítimo derecho de gastar el dinero que han ganado honradamente en lo que les apetece, pero el problema está en lo que largaron por la boca con gente que hacía exactamente lo mismo. Eso les deja en un mal lugar. Pablo Iglesias se preguntó por Twitter el 20 de agosto de 2012 si «entregarías la política económica del país a quien se gasta 600.000 euros en un ático de lujo» en referencia a la adquisición de un piso que Luis de Guindos había adquirido. Para mí dejaba patente la demagogia y el populismo que le caracteriza, pero lamentablemente su discurso era muy seguido por quienes buscaban un cambio en la izquierda. Seis años después, él es quien ocupa un puesto de «la casta». Hay mutismo total entre sus seguidores, cuando de haber sido por otro dirigente político les hubiera servido de ejemplo para atacarlo. A mí que compre una vivienda o se vaya de alquiler me da igual, pero sí critico que hay que ser coherente con lo que se dice y noticias de este tipo dejan claro que no lo es. Hay que actuar según se piensa y debe reflejarse en los actos que uno hace en su vida cotidiana.

Hay una cuestión que creo sinceramente que no ha servido en absoluto para avanzar hacia la transparencia. Me refiero a la publicación de la declaración de bienes de los políticos. Al igual que con los CV, cualquiera puede poner lo que quiera sin que nadie compruebe si es cierto lo que ahí figura. Se supone que uno pone de manera responsable lo que tiene, pero claro, ¿quién va a reconocer que ha cobrado sobresueldos no declarados? A mí me parece que no vale más que para el puro cotilleo. No hay ningún avance en la lucha contra la corrupción saber si un político tiene no sé cuánto dinero repartido en diferentes cuentas bancarias, ni qué coches posee o cuántas viviendas están a su nombre. Se supone que ese trabajo de fiscalización lo debe asumir la Administración a través de diferentes organismos.

Sí que parece que en España se respeta bastante la vida privada de cada uno en el aspecto sentimental. En otros países las relaciones personales me parece que cuentan con más trascendencia. Aquí, dentro de lo que cabe, es una esfera en la que se publica o se habla de ciertos casos cuando la pareja en cuestión está interesada en que sea noticia. Este aspecto lo veo muy positivo. En lo que la izquierda debe quitarse los complejos es en esa idea de que no se puede ser rico y tener propiedades. Todos debemos luchar por conseguir una vida mejor y desear que nuestro alrededor tenga las condiciones más dignas posibles. Una cosa no está reñida con la otra.

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