El casposo chalet serrano de Iglesias y Montero


Ni fallo de comunicación, ni acoso, ni mandangas. Los portavoces de Podemos podrán hacer las piruetas retóricas que quieran para justificar el casoplón de Montero e Iglesias, ponerse paranoicos por salir en los medios, donde por cierto ellos mismos señalaron a otros muchas veces, pero la realidad es tremendamente tozuda: se trata de un acto indecente para quien se dice representante de los trabajadores. Y más aún para quien se paga una casa de 600.000 euros a costa de su sueldo de político. Porque que nadie se llame a engaño. Irene Montero se apuntó a la política con 16 años y siempre ha vivido de ella y Pablo Iglesias jamás habría podido acceder a esa vivienda con su sueldo de profesor interino de la universidad. Saca sus jugosos ingresos de su actividad política en el Congreso y en la televisión, que viene siendo lo mismo. Es decir, lo que siempre criticaron acertada y letalmente en la casta.

Los argumentos de la defensa que usa Pablo Echenique son de un raquitismo intelectual patético y dudo que él, que parece una persona con una cabeza bien amueblada, se trague con gusto este sapo. Más bien se trata de un batracio de dimensiones bíblicas. Lo cierto, y tanto Echenique como los afectados lo saben, es que muy poca gente de clase media, y hablo de profesionales universitarios, puede acceder con un par de sueldos actuales a una casa de 600.000 euros. Y no te digo en una familia con dos sueldos de obrero, ni aún trabajando toda una larga vida que esa pareja aún no ha vivido.

Iglesias y Montero se han quitado la máscara y de paso le han dado un hachazo de muerte a Podemos, donde no dudo que milite gente que se creyó el argumentario anticapitalista, una vida de economía sostenible y todo eso. Uno podía incluso soñar que por fin alguien plantaba cara a los bancos, a las eléctricas,  a la chusma política y ladrona. El momento y las ideas eran oportunos pero, en la práctica, como decía la canción de Ismael Serrano, debajo de los adoquines no había arena de playa. Y los hipócritas y los estúpidos, o ambas cosas, aún tacharon a los críticos de retrógrados: no se me ocurre nada más retrógrado que una pareja de políticos que se compra a costa de su salario público un antiético y antiestético chalet de 600.000 euros en la sierra madrileña. Qué caspa. 

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