Hubo un tiempo en el que el germen de la urbe estaba salpicado de arrabales camineros que iban dando forma al desarrollo de Oviedo. Asentada sobre la colina, la ciudad era un edén bucólico. Sobre esa nostalgia pastoral se edifica la Feria de La Ascensión, sobre el orgullo rural recientemente perdido, hace apenas unas décadas; un instante en una ciudad milenaria. Si los orígenes de la Feria se datan en el siglo XVI, contemplamos en estos días 500 años de historias y de primaveras de mercado. Si miramos hacia atrás, observamos a nuestros antepasados arremolinados en el Día de la Ascensión, una costumbre que no cambia.

En este segundo número de Ovetenses viajamos por tanto a las raíces de la capital. No solo a sus costumbres rurales, también a ese barrio que todavía no cabía en la imaginación de Ramiro mientras se asomaba a un vano de su complejo palatino del Naranco a mediados del siglo IX. En la ladera del monte, la gran muralla natural de la ciudad, Ramiro levantó palacio e iglesia y se supone que el conjunto debió ser más amplio: una demostración de grandeza. Siglos después se levantaría un barrio, Ciudad Naranco, que fue tomado por las clases medias en la expansión inmobiliaria de los años 50 y 60. Primero se llamó Colonia Astur y contaba con solo dos calles. Con sus vecinos hemos hablado y paseado, por las cuestas de un barrio vivo, a la sombra del monte totémico.  

También hemos viajado al siglo XIX de la mano de la escritora Victoria R. Gil.  Hemos descubierto un lago en el Campo San Francisco, una calle Uría flanqueada por huertos, un teatro Campoamor con olor a pintura fresca, los ecos de un incendio que devoró el barracón de Antonio Mayor, el pionero del cine en la ciudad, los palacetes de la burguesía aflorando como setas en una ciudad expectante con la industrialización de Asturias.  

Y con Vicente González-Villamil hemos rememorado medio siglo de oviedismo. El Real Oviedo como la institución que integra a toda la ciudad más allá de distinciones políticas o sociales. También un eslabón que une generaciones, leyendas (pensemos en Herrerita, Galán, Lángara) que se van relatando, desgranando de padres a hijos, de abuelos a nietos. En estos días cruciales para el ascenso del Oviedo a Primera División, Villamil saca de la chistera viejas anécdotas desde sus inicios en los Dominicos: aquellas comidas pantagruélicas antes de los partidos o la carrera truncada de Chuso, a quien las lesiones impidió fichar por el Real Madrid.  

También le hablamos del comercio, un sector crucial en la historia de la ciudad y que intenta renovarse o morir, en momentos críticos. Hablamos con viejos y nuevos comerciantes, en ese camino entre modernidad y tradición. Oviedo, la ciudad de las tiendas, el atractivo de una urbe de escaparates.

Pero lo mejor es que pasen y vean el género. 

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Viaje a las raíces de Oviedo