La boda que vio Inés Ballester


Los que nos plantamos a ver la boda de Harry y Meghan el sábado por la mañana y teníamos interés en los detalles no dudamos en asomarnos a la retransmisión que hizo TVE a través de la BBC. No se le puede poner un pero a la realización británica, que nos dio acceso como espectadores a todos los momentos significativos del enlace, desde los invitados a los momentos más emotivos, con guiños a la madre de la novia, y por supuesto al instante en que el deán de Windsor los proclamó marido y mujer. Un 10 para los británicos. Y ojalá pudiera decir lo mismo del programa de Inés Ballester, que desde primera hora nos puso sobre la pista de esta superboda. Porque hubo momentos en que daban ganas de quitarle el sonido a la televisión y seguir solamente las imágenes para no sentir eso que llaman vergüenza ajena. En esa mesa montada como un corrillo lo de menos fue la palabra precisa, al menos en boca de Inés Ballester que llegó a decir que una invitada iba de «rosita» como ella. Se desenfocó tanto que a Meghan le llamó reina y confundió a una dama de azul con Kate Middleton. Y así una detrás de otra. Solo cuando Anne Igartiburu y los corresponsales conectaron en directo se sintió algo de alivio, porque en manos de Ballester todo parecía cogido por los pelos por mucha audiencia que los datos confirmaran al día siguiente.

Lo confieso, no puedo vivir sin boda

Martín Bastos

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He de reconocer que me he despertado hoy un poco huérfano de boda. Me había acostumbrado ya tanto a Meghan y Harry que ahora es que no sé ni de qué hablar. Pero cuando estaba a punto de volver a verme The Crown desde el principio para acabar rezando para que empiece la tercera temporada me he topado con la foto de familia de la boda, y no me he podido resistir.

el detalle

La sonrisa de Harry. Está claro que el éxito de esta boda (y de esta pareja, si me apuras), está en la sonrisa de Harry. No puede ocultar que es feliz y en la ceremonia derritió a medio mundo con esa carita de enamorado y sus palabras: «Estás preciosa. ¡Soy tan afortunado!». ¿Por qué será que nos siguen gustando tanto los cuentos de hadas?

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