Rajoy consiguió ayer su segunda victoria política de la legislatura, tras la aprobación del 155 en octubre. Pero el aire sombrío, cansado, de su posterior comparecencia ante la prensa es una evidencia de los jirones que se ha ido dejando por el camino para sacar adelante los Presupuestos. Porque en política nadie regala nada, y el precio a pagar será alto. Y no solo por la factura que pasará el PNV. El balón de oxígeno que han dado a Rajoy para agotar la legislatura ha envalentonado a los nacionalistas vascos. Hasta tal punto que, al tiempo que en Madrid apoyaban las cuentas públicas -por responsabilidad, dicen-, en el País Vasco resucitaban el plan Ibarretxe en un nuevo desafío al Estado. Mucho aire va a necesitar Rajoy para sofocar este nuevo incendio cuando aún no se han apagado las llamas del catalán.

Y tampoco está claro si el aire que le ha insuflado el PNV le va a ser suficiente para aguantar el vendaval Ciudadanos que se le viene encima. La votación de ayer marca el final de la primera parte de la legislatura y supone el pistoletazo de salida de una carrera electoral que encadenará las andaluzas, municipales y autonómicas de régimen común, y europeas. En un año sabremos si Rajoy estará en condiciones de intentarlo nuevamente en el 2020 o se verá obligado a buscar sustituto.

Va a necesitar mucho aire. Si en algún momento a lo largo del día sintió la tentación de exteriorizar algún tipo de entusiasmo por la votación presupuestaria, Bruselas se la cortó de raíz con una severa admonición por el sorprendente acuerdo sobre las pensiones y la advertencia sobre el déficit. Sin tiempo para disfrutar del éxito, la Comisión Europea ya le anticipa la necesidad de nuevas medidas. Así las cosas, Rajoy va a necesitar algo más que aire.

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