El PP necesita una refundación

.

La primera sentencia del caso Gürtel resulta demoledora para el PP. Al margen de que el partido sea condenado por una responsabilidad civil, y no criminal, y por hechos que afectan solo a dos ayuntamientos, se acredita la existencia de una caja b. Y, por tanto, se apunta a una financiación irregular. Por más que el Gobierno y la dirección del partido trataran de eludir responsabilidades, el de ayer es seguramente el día más negro en la historia del PP desde que fue fundado con esas siglas en 1989. Pero, por grave que sea, esta sentencia no puede sorprender a nadie, dadas las evidencias acumuladas desde hace años. Y por eso resulta inconcebible que en la dirección del PP no se haya hecho nada en todo este tiempo para que, cuando llegara este momento inevitable, fuera posible, y lo que es más importante, creíble, que quienes estuvieran al frente del partido pudieran desligarse de los hechos que se describen en la sentencia.

Mariano Rajoy ganó las generales del 2011 con la más amplia mayoría alcanzada nunca por su partido y cuando lo que ahora se juzga era ya conocido. Pero cometió el error de confundir ese resultado con la extinción de cualquier exigencia de responsabilidad al PP por los casos de corrupción de un pasado en el que él ya era dirigente. En lugar de aprovechar la fuerza interna que le otorgó esa extraordinaria victoria para limpiar de forma implacable el PP de Aznar y demostrar así que estaba libre de cualquier sospecha, si es que tal cosa estaba en su mano, Rajoy contemporizó con algunos de los máximos implicados, empezando por Luis Bárcenas, con el que cruzó mensajes irresponsables y comprometedores. Algo que ha terminando por alimentar la sospecha de que el líder del PP no está en condiciones de deshacerse sin más de un pesado lastre que resulta ya insoportable para el partido. La sentencia cuestiona de hecho su credibilidad al negar durante su declaración como testigo la existencia de una caja b en Génova.

Con la aprobación de los Presupuestos, Rajoy tiene prácticamente garantizado que podrá acabar la legislatura. Aunque lo que queda puede ser un calvario político y judicial, Albert Rivera no apoyará una moción de censura para hacer presidente al socialista Pedro Sánchez, ya que eso sería electoralmente letal para él. Pero será muy difícil, por no decir imposible, que el PP vuelva a gobernar en España mientras la sociedad no perciba que no queda en él ni una sombra de este pasado por el que ahora es condenado, incluido el propio Rajoy, que no debería ya volver a ser candidato ni tratar de condicionar su sucesión.

Para no equivocarse en la elección de quién debe pilotar ese proceso de refundación en el futuro, el PP lo tiene fácil. Solo alguien que se sienta libre para admitir y condenar, sin miedo a ser chantajeado por ello, la existencia de una caja b que ha sido probada ya en un juicio, de repudiar en público y sin matiz alguno a todos los señalados por la Justicia y de pedir perdón por los errores cometidos, puede ser el nuevo líder popular. Quien aspire a serlo, debería tenerlo claro a estas alturas o renunciar a ello.

Valora este artículo

1 votos
Comentarios

El PP necesita una refundación