Corrupción: la nueva Marca España


Mi generación creció viendo Corrupción en Miami, la legendaria serie en la que Sonny Crockett (Don Johnson), Ricardo Tubbs (Philip Michael Thomas) y el teniente Castillo (Eduard James Olmos) combatían el tráfico de cocaína y el crimen organizado en aquella Florida de los ochenta que tanto se parecía a la Galicia de los ochenta. De hecho, en un capítulo incluso vestían a Crockett y Tubbs con la bella arruga de Adolfo Domínguez.

La ropa de diseño era la Marca España en los ochenta. Ahora lo es un Gobierno reducido a escombros y un PP en estado de putrefacción a la espera de que alguien lo resucite de sus propias cenizas. El daño que la corrupción popular ha causado a nuestra imagen internacional, en pleno desafío secesionista catalán, es ya irreparable. Mientras Rajoy permanece impasible, no cesa la propaganda independentista en el exterior.

La devastadora sentencia de la Gürtel también se remonta a los ochenta. Sostiene que al menos desde 1989 -o sea, desde que la AP de Fraga pasó a ser el PP de Aznar, el hombre que logró que, comparada con la boda de su hija Ana en El Escorial, la comunión de El Padrino parezca un cumpleaños en Mola Bola- el partido manejaba una caja b rebosante de dinero negro y donaciones ilícitas. Habla de la corrupción institucional instaurada por los conservadores y, además de fijar durísimas penas para los jefes de la pandilla: Luis Bárcenas, Pablo Crespo y Francisco Correa, condena al PP a apoquinar 245.000 euros como partícipe a título lucrativo de la mafia genovesa y afirma que el testimonio del presidente del Gobierno «no es suficientemente verosímil». ¿Qué respondió Rajoy cuando los periodistas le preguntaron por la puesta en cuestión de su credibilidad por parte del tribunal? Pues replicó al estilo Podemos: que la credibilidad la da la gente y él tiene muchos escaños concedidos por la gente. Solo le faltó mentar a las bases.

Mariano Rajoy volvió a contestar que estos episodios juzgados son de hace mucho tiempo: del 2003. ¿Mucho tiempo? ¿Lo dice el mismo Rajoy que era del PP antes incluso de que existiese el PP? ¿El que ya era diputado autonómico gallego por la Alianza Popular de Fraga en 1981? ¿El que forma parte del comité ejecutivo nacional del PP desde su fundación en 1989? Sí, amigos, cuando Sony Crockett y Ricardo Tubbs iban por Miami en su Ferrari Testarossa, Mariano ya estaba ahí.

Este PP anegado en la corrupción y fuera de control -incapaz de hacer cumplir la ley en Barcelona o Algeciras- necesita que alguien lo apague. Como a Hal 9000 en Odisea 2001 en el espacio. Solo falta ver quién tiene agallas para desconectarlo antes de que sea demasiado tarde. El propio PP tendrá que asumir -aunque Rajoy siga pensando que la mejor decisión es no tomar ninguna decisión- que, después de que Pedro Sánchez se estrelle con su inviable moción de censura, ese botón rojo lo debe apretar un candidato alternativo al calcinado Mariano. Mientras esto no ocurra y Aznar no pida perdón en penitencia pública, España no habrá cerrado ese capítulo cutre de la transición titulado Corrupción en la Moncloa, que ha resultado entretenido, sí, pero al que le falta la clase inimitable que tenían Sonny Crockett, Ricardo Tubbs y el teniente Castillo.

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