Rajoy no debería seguir

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En cualquier país democrático (y España, con sus deficiencias, lo es) una sentencia tan brutal como la de la primera época del caso Gürtel habría provocado la dimisión inmediata del presidente del Gobierno y la convocatoria de elecciones generales. Es el mínimo exigible. Precisamente una de las debilidades de nuestra democracia es esa negativa feroz a asumir responsabilidades políticas. La sentencia no solo acredita, sin ninguna duda, la existencia de una caja B con la que el PP ha acudido dopado a las elecciones, sino también que creó un sistema de corrupción institucional. Además, el tribunal no se cree la declaración de Mariano Rajoy, con lo que su credibilidad queda gravemente dañada. No se olvide tampoco que fue él quien nombró tesorero a Bárcenas y le envió el mensaje «Luis, sé fuerte» tras conocer que tenía una pila de millones escondidos en Suiza. Todo esto es gravísimo y hacía imprescindible su renuncia sin que fuera necesaria ninguna moción de censura. Ahora me viene a la memoria que el canciller alemán Helmut Kohl tuvo que dimitir tras reconocer haber recibido dinero negro para su partido. Conviene recordar los hechos ahora que algunos tratan de taparlos o de desviar la atención apuntado su artillería contra Pedro Sánchez. Y no olvidemos que el calvario del PP y de Rajoy no ha hecho más que comenzar, aún quedan en su horizonte penal más juicios de los casos Gürtel, Púnica, Lezo, Taula y ahora de la operación Erial, tras la detención de Zaplana. Así no se puede gobernar. Es esta putrefacción que no cesa la que daña la imagen de España, provoca inestabilidad y atenta a la más elemental ética política. Que los árboles no impidan ver el bosque fétido.

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