¿Y la próxima semana?


Hace una semana, un pequeño partido salvaba los Presupuestos y, aparentemente, garantizaba que el Gobierno agotara la legislatura. Unos días después, esos mismos cinco diputados apuntillan al presidente y abren las puertas de la Moncloa a Pedro Sánchez. ¿Qué harán la próxima semana? Los Gobiernos pasan. Incluso el mapa político se transforma radicalmente. Solo hay una cosa que no cambia: el papel determinante de los partidos nacionalistas. De una forma u otra, España lleva 40 años sometida a los intereses particulares de vascos y catalanes. Legítimamente, desde su perspectiva. Pero algo falla en el sistema electoral cuando se sobredimensiona de tal manera el poder político de unos partidos que no solo buscan sistemáticamente privilegios para sus territorios, sino que, además, tensan continuamente las costuras del tejido institucional de todos. No puede imaginarse mayor foco de inestabilidad política. Una placa tectónica en permanente movimiento que nadie intenta estabilizar cuando puede, cuando está en el poder, porque se aprovecha de ello.

Este ha sido el gran error de cálculo de Rajoy. Un fallo impropio de quien lleva cuarenta años en política. Acostumbrado a dejar pasar el tiempo, no vio venir la bola de nieve de la corrupción en su partido ni el cambio de postura del PNV. Y en el pecado lleva la penitencia, porque esa tremenda equivocación va a costarle su longeva carrera política. Pero con él arrastra muchas de las expectativas de su partido, y abre puertas a otros. Las electorales a C’s y las de la Moncloa a Pedro Sánchez. Que será presidente, sí, pero que no podrá gobernar. Esta es una legislatura perdida que agoniza. Solo falta por saber cuánto durará la agonía. Porque las elecciones son inevitables. Cuanto antes, mejor para todos.

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