Rajoy nunca ha sabido marcharse

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Lleva al menos desde 1981 en política y debe de ser muy duro tener que marcharse. Pero el problema de Mariano, 37 años sin apearse del coche oficial, es que, en realidad, no sabe largarse. Ya está dicho que si viera menos fútbol y más wésterns tal vez -solo tal vez- habría aprendido a irse, porque las pelis del Oeste están llenas de despedidas o simples huidas gloriosas. Pero el fútbol nos ha enseñado últimamente que también tiene formas dignas y honestas de dejarlo todo. Nos lo mostró Andrés Iniesta no hace mucho y ayer mismo otro grande, Zinedine Zidane, se ha pirado sin dar un portazo, con la dignidad intacta.

Pero no hay manera de que Mariano aprenda a irse. No es que solo se haya negado a dimitir para paralizar la moción de censura presentada por el PSOE, es que yo creo que nuestro parsimonioso líder ya está pensando en la próxima convocatoria de elecciones generales para ganarle a Pedro Sánchez en las urnas lo que él cree que le ha sido arrebatado injustamente por eso que él llama Gobierno Frankenstein, lo cual demuestra que además de no ver películas del Oeste tampoco ha leído el libro de Mary Shelley.

Llegados a este punto -después del espectáculo de un presidente del Gobierno cesante atrincherado durante ocho horas en un bar, mientras su escaño lo ocupaba como jefe del Ejecutivo en funciones el bolso de la vicepresidenta-, tengo que decir que ayer y hoy en Madrid la vida seguía igual. La gente iba a lo suyo por la calle, a sus trabajos, a sus recados, a su turisteo o a tomar su caña en La Tita o en el Café Comercial. Quiero decir que igual ya somos un poco como Italia y la sociedad civil funciona a su bola, al margen de los circos que monten nuestros políticos.

Tal vez no sería mala cosa, porque, a pesar de todo, Italia nos gana en muchas cosas. Y una es que las fábricas, las oficinas y la gente siguen a su rollo mientras el presidente de la República y los partidos no se aclaran a la hora de nombrar primer ministro. Igual nos estamos haciendo mayores y ya no necesitamos tanto a papá Estado. No sería mala cosa.

Yo a Rajoy le recomendaría, desde la humildad de un chico de barrio, que antes de empezar la mudanza de la Moncloa, se vea un par de películas de John Ford (aprovechando que ahora no hay Liga ni Champions y tiene la agenda más despejada). Así podrá aprender de una vez a irse. Aunque sea a los 61 años, nunca es tarde. Incluso a pirarse con dignidad. Lo mejor es que vea con calma -esa pachorra de la que tanto le acusan- El hombre que mató a Liberty Valance y Centauros del desierto. Y que observe cómo salía de escena John Wayne, el tipo que mejor se larga en la historia del cine. Si Mariano consigue aunque solo sea acercarse ligeramente a la despedida de Wayne en Centauros del desierto, cuando Ford lo enmarca bajo el dintel de la puerta frente a la arena del desierto, creo que habremos avanzado varios siglos en la historia de España.

Porque una de las cosas más importantes de la vida -incluso de la vida política, que no deja de ser una triste imitación de la vida de verdad- es saber largarse a tiempo y con la cabeza bien alta.

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