Maquinación para alterar la voluntad popular


Sucedió el martes 29 de mayo. Un periodista prendió una mecha insospechada al anunciar en su cuenta de twitter la emisión, en una cadena alemana, de una entrevista al Comisario Europeo de Presupuesto, Günther Oettinger, que acababa de grabar en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo.

La cita que el periodista utilizó como titular disparó todas las alarmas en la Unión Europea, hasta el punto de que poco tiempo después tuvieron que intervenir en las redes sociales otros comisarios, además del Presidente del Consejo Europeo; hasta que el Portavoz Jefe de la Comisión Europea convocó una rueda de prensa en la que dio a conocer una declaración de Juncker que, como jefe del ejecutivo comunitario, enmendaba a su comisario de presupuestos.

Tal fue la presión, que el periodista borró el mensaje; validado inicialmente por la cuenta oficial de Oettinger al retuitearlo, ¡ojo! Y puso uno nuevo pidiendo disculpas por no haber citado correctamente la frase del comisario cuando redactó el titular, con una nueva versión «matizada» que no variaba el fondo del mensaje porque, en realidad, no fue tal error.

La frase en cuestión no decía nada que no sepa cualquiera con interés en política y espíritu crítico; pero sí algo que los representantes de la instituciones no deben revelar jamás, porque supone el reconocimiento de una realidad que pone en cuestión una de las premisas sobre las que se asienta la confianza de los ciudadanos en el sistema: que vivimos en una democracia.

Lo que hizo Oettinger, de alguna manera, fue pasar por delante del proyector de democracia virtual, interrumpiendo momentáneamente la holografía en la que aún mucha gente cree habitar. Sus colegas y su jefe salieron en tromba para apartarlo de la trayectoria de emisión del proyector, y reanudar el cuento democrático con la esperanza de que esa pequeña laguna narrativa fuera atribuida a un bostezo o un descanso de la vista, sin mayores consecuencias.

¿Qué provocó ese ataque de franqueza del comisario? Pues el tumultuoso intento de constitución del gobierno italiano. Un potencial gobierno eurocontestatario y xenófobo, resultante de la alianza entre el Movimiento 5 Estrellas y la Liga Norte, que el Presidente Mattarella bloqueó en primera instancia para evitar que el candidato a ministro de economía, Paolo Savona, conocido en Italia como el «Profesor AntiEuro», fuera a padecer mobbing en futuras reuniones del Eurogrupo y del Ecofin. Lo vetó por su bien y, por ende, de Italia entera.

Y es por el bien de los italianos que entes supranacionales y suprademocráticos van a proporcionarles una «guía de uso correcto de la democracia» para que, en caso de que vuelvan a darse elecciones por el fracaso en la formación de gobierno, no se equivoquen a la hora de satisfacer las expectativas de Alemania.

Esto es lo que dijo en twitter el corresponsal en Bruselas de Deutsche Welle, Bernd Thomas Riegert, aquel día: «Los mercados enseñarán a los italianos a votar lo correcto», me ha dicho el comisario #UE #Oettinger en una entrevista exclusiva en Estrasburgo. Más en @dwnews (entrevista completa esta noche a las 21:00 DW/alemán)

A veces, accidentalmente, se le cae el disfraz de «Democracia» a esta plutocracia que, para satisfacer su voracidad financiera, está en constante maquinación para alterar la voluntad popular mediante la amenaza de hecatombe económica. La misma estrategia a la que recurre el Partido Popular al invocar a la «prima de riesgo» cuando el pueblo, a través de sus representantes, osa exigir la destitución del Gobierno al completo una vez que la justicia, al fin, pone negro sobre blanco lo que todos sabíamos: que llevan demasiado tiempo robándonos. Y no solo eso, para colmo nos insultan al decirnos que solo roban «por lo civil» y que eso no cuenta, porque para ellos solo cuenta cuando queda consagrado por la iglesia. En fin, que están fuera de su tiempo. Afortunadamente.

¿Y la próxima semana? La próxima semana hablaremos del nuevo gobierno; a ver qué hace.

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