Un futuro incierto


Pedro Sánchez tenía bien acreditada su firme determinación de llegar a la Moncloa como presidente del Gobierno. Pocas vocaciones se han manifestado con tanta nitidez y vehemencia en los últimos años. Se le han negado algunas virtudes para ello, cierto, pero nunca su tenacidad en este empeño. Por ello, solo cabe felicitarlo en lo personal en la hora de su victoria. Pero a partir de aquí tendrá que demostrar que lo suyo es algo más que una ciega ambición particular. Tendrá que demostrar que lo ha guiado la defensa de un proyecto para España capaz de mejorar la situación de nuestro país y la de sus ciudadanos. No me parecería justo no darle esta oportunidad, aunque todavía se haga desde la desconfianza o desde el escepticismo. Porque Sánchez tiene por delante una tarea ciertamente difícil. Lo suyo será quizá como conducir un coche por una carretera estrecha y rodeada de abismos.

Las tentaciones de dar golpes de volante pueden aparecérsele como soluciones fáciles. Pero los volantazos pueden ser peligrosos, como ya se demostró con José Luis Rodríguez Zapatero. Porque la solución a los problemas no suele estar en ningún radicalismo, ni de izquierdas ni de derechas. El verdadero mérito de un político está en administrar el Gobierno del Estado del modo que más convenga a sus ciudadanos y al interés general. ¿Puede conseguir esto Sánchez? Sí, si no cede a ninguna tentación sectaria. Desbancó a Rajoy, que lo estaba haciendo bien, pero ahora tendría que demostrar que él aún lo puede hacer mejor y que los problemas de los españoles tienen solución. De no ser así, nos podríamos encontrar con más conflictos y más enconos. Yo siempre he recelado de la ambición personal de Sánchez, pero corregiré con gusto mis opiniones si nos da motivo para ello. Porque es verdad que España tiene problemas serios y que tal vez algunas encrucijadas se puedan superar con nuevos enfoques. Pero creo que hay que tener principios firmes y que no se debe intentar satisfacer a los que no se van a contentar con nada. Ahí tendrá que mostrar Sánchez su carácter político. O volveremos a la casilla de salida.

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