Adiós, Mariano, adiós


«Es lo mejor para mí y para el Partido Popular, o dicho de otra forma, es lo mejor para el Partido Popular y para mí, y creo que también para España. Y lo demás no importa nada», dijo Mariano; para minutos después, ante la ovación de la ejecutiva Popular tras anunciar su marcha, remató: «Que alguien pare, coño». Mariano Rajoy en estado puro. Muchas de sus grandes frases, dichas por otros, creeríamos, sin ninguna duda, que habrían sido fruto de una embolia cerebral.

MR dijo que se va, y esto ya lo debería de haber hecho años antes cuando perdió los segundos comicios frente a Zapatero. Hay un artículo escrito por Gabriel Elorriaga (antiguo y muy cercano colaborador de Rajoy) donde clamaba por un fuerte e integrador liderazgo en el PP y defendía que Mariano no era el hombre adecuado: destruiriá al PP. Vemos que el señor Elorriaga no se equivocaba. Mariano dejó la presidencia del Gobierno de España con mejores datos macroeconómicos que los recibidos -Ah, la herencia recibida, fruto de todos los males para su gobierno. Y, en especial, para el vampiro Montoro que encontró aquí la justificación de sus violaciones fiscales a los ciudadanos-, pero, seamos claros, poco más. El de Pontevedra hizo del inmovilismo su forma de hacer política, y en su despedida se banaglorió de sus grandes logros respecto a las negociaciones con ETA y el rescate económico. Pero, se ve que en otros muchos temas (Cataluña, Corrupción) el permanecer estático y de perfil -como buen gallego- pasan factura. Los problemas pasaban, él siempre lo mismo: cama, pijama y MARCA. MR puede que haya dejado, más o menos, encaminado al país; pero abandona al PP en una situación dreporable: pecio a la deriva, sin capitán y aún muy lejos de cualquier puerto. Y algo que es imperdonable: una Televisión depauperada y a Cárdenas con un programa en máxima audiencia. Rajoy, no te lo perdonaré jamás

Mariano, en una jugada maestra, anuncia su repliegue a las puertas del verano, a tiempo suficiente para ver la final de Roland Garros, todo el Mundial y el Tour. En Sanxenxo -No Sangenjo como él dice, en todo caso San Ginés- ya se están preparando los bares para darle el desayuno tras su ‘caminar rápido’ y en el Club Náutico han hecho acopio de vermú. Ojalá que su adiós a la política nos traiga al mejor Rajoy: el analista y comentarista deportivo. Recuerdo sus crónicas sobre ciclismo, eran muy buenas; y viendo lo que hay hoy en día en el periodismo deportivo español tiene un hueco asegurado. Quizá Marhuenda, que siempre fue muy perro faldero, le entregue unas páginas en La Razón. Si las tienen Aghata y Cósmica (Cosima), por qué no Mariano. El nuevo periodismo.

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