La muerte en diferido de Rajoy

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Los novelistas, los científicos y los filósofos están ahí para explicar el mundo. Pero los columnistas, por mucho que nos vengamos arriba, escribimos para que la realidad nos desmienta a las 24 horas. Yo, sin ir más lejos, he dicho más de una vez que Mariano Rajoy no sabía despedirse porque no había visto suficientes wésterns y demasiado fútbol, y al final resulta que sí, que ha aprendido a largarse a tiempo. No sé si fue porque, después de todo, se decidió a aprender de los épicos adioses fordianos o si más bien fue su admirado Zinedine Zidane quien le mostró la puerta de salida.

El caso es que Mariano Rajoy, tras perder el viernes la presidencia del Gobierno, ayer anunció que renuncia al liderazgo del PP. Y uno, como Zavalita, se pregunta: ¿en qué momento cayó Rajoy?

Se puede pensar que fue el pasado jueves 24 de mayo, cuando el tribunal leyó la implacable sentencia del caso Gürtel, en la que el PP quedaba tocado y algo más que hundido por un caso de corrupción sin precedentes. Otros podrían afirmar que Rajoy fue derribado el viernes 1 de junio, cuando finalmente Pedro Sánchez ganó la moción de censura y se convirtió en el insospechado inquilino de la Moncloa. Incluso habrá quien sostenga que Mariano solo fue derrocado ayer, cuando él mismo, arrinconado contra las cuerdas, decidió arrojar la toalla y convocar un congreso extraordinario para elegir a su sucesor.

Pero todo esto es demasiado obvio. En realidad Rajoy fue fulminado otro 24 de mayo. El del 2014. Esa noche, en el Estadio da Luz de Lisboa, se disputaba la final de la Champions entre dos equipos españoles: el Real Madrid y el Atlético de Madrid. El entonces jefe del Gobierno permanecía sentado en su butaca del palco junto al presidente del Real Madrid y de la constructora ACS, Florentino Pérez. El Madrid llevaba doce años sin ganar la Copa de Europa, mientras que su gran rival, el Barça, había conquistado de la mano de Messi los títulos del 2006, el 2009 y el 2011 (y un año más tarde, de nuevo con Leo desatado, ganaría su quinta Champions). Por eso, cuando Sergio Ramos cabeceó a la red un córner en el minuto 93 que suponía el empate y la prórroga del partido, Florentino no pudo más. Rajoy, madridista convicto y confeso, pero al fin y al cabo presidente de todos los españoles -incluidos los atléticos-, le da un ligero codazo al jefe de ACS y este se levanta eufórico para festejar la resurrección de su equipo.

Pero algo más tarde, ya en la prolongación, en el minuto 109, Bale marca gol y encauza la final para el Madrid. Y entonces todos pudimos ver una de las escenas más alucinantes de la reciente historia de España, por lo que tiene de reflejo de la obscena y explícita connivencia entre política, deporte y empresa. Florentino Pérez deja plantado a Rajoy, atraviesa medio palco y se va a chocar las cinco con su auténtico presidente, el único, el genuino, el inimitable José María Aznar.

Fue en ese momento, 24 de mayo del 2014, cuando el poder dictó sentencia contra Rajoy. Esas manitas que hicieron Aznar y Florentino significaban mucho más que un simple gesto de forofos. Le estaban diciendo a Mariano:

-No eres uno de los nuestros.

Y ahora, cuatro años después, lo único que ha sucedido es que se ha consumado la muerte en diferido que empezó aquella noche en el graderío vip de Lisboa.

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