Rajoy vuelve a sorprender


Una vez más. Mariano Rajoy ha vuelto a sorprender con su decisión de abandonar la presidencia del PP y la actividad política. No es la primera ocasión en que, contra todo pronóstico, adopta una resolución que causa extrañeza. Es más, el hombre que hizo bandera de la idea de Cela de que el que resiste, gana; el mandatario que mejor supo utilizar la frialdad y la tibieza, al final se rinde aun sin haber asumido la condena de su partido por la Audiencia Nacional y que de la Moncloa no lo desalojan los socialistas, sino el Parlamento, que está tan legitimado para hacerlo como lo están las urnas.

Frente a quienes mantenían que había Rajoy para rato, que ya vivió situaciones similares y que al final resurgió; frente a los que aseguraban que se mantendría en todos los cargos como demostración de su inocencia en la corrupción y frente a los que adivinaban que no dejaría el partido con las divisiones y enfrentamientos que padece, el hasta el viernes presidente español ha optado por abandonar la vida política. Porque Rajoy cree que su marcha es lo mejor para él, para España y para el PP. Y puede que esté en lo cierto por lo que respecta a los dos primeros, pero no en lo que se refiere al partido.

Con destacados dirigentes recorriendo los platós televisivos poniendo en cuestión su papel y el de los candidatos a su sucesión; con refriegas entre los pesos pesados de la formación; con Cospedal y Sáenz de Santamaría a la greña; con amenazas de rebelión; con barones regionales apuntándose a la regeneración política y con una militancia que en los últimos meses no se creía lo que estaba viendo y optaba por mudarse en masa a Ciudadanos, Rajoy decide abandonarlo todo. No lo reconocerá nunca, pero se va, sin duda, tan hastiado de las batallas internas y de las zancadillas de los que lo acompañan como de los azotes de los adversarios.

El gran gestor de los tiempos, del que se dijo que tenía la paciencia de saber aguardar como nadie el momento oportuno, ha decidido irse. Y lo hace porque, curiosamente, en esta ocasión, no controló los tiempos y no adivinó la que se le venía encima. Y también en eso nos sorprendió. Como volvió a sorprender ayer mismo.

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