Rajoy y Zidane


Lo verdaderamente sorprendente es que Zidane haya dimitido y a Rajoy lo hayan echado. Al fin y al cabo a los entrenadores los despiden de mala manera aunque casi siempre previo abono de una suma considerable. Los presidentes, sin embargo, se suelen ir por decisión propia o por una derrota electoral sin una indemnización tan alta. Esta vez el entrenador del Real Madrid ha pillado a todo el mundo a contrapié después de ganar de manera consecutiva tres Copas de Europa, un hito a la altura de los más grandes. Sea cual sea la causa se va en el momento oportuno y no tiene que penar en el banquillo a la espera de que cualquier día por un gol tonto lo manden para casa de modo inesperado. Brillante hasta el último momento, exceptuando el cabezazo a Materazzi.

Rajoy, el incombustible que había acabado con todos sus rivales, se encontró con una salida tan inesperada como brusca.  Y no porque no fuera consciente del malestar soterrado que la corrupción, la desigualdad, la mentira y la soberbia generadas en su mandato habían ido acumulándose contra él. Pero daba por hecho que el batiburrillo de la izquierda y el nacionalismo no podrían ponerse de acuerdo para derribarlo. Y mucho menos con los presupuestos aprobados. El problema, por tanto, no es que el PSOE no tenga suficiente diputados para gobernar, sino que el PP disponiendo de muchos más y el apoyo de Ciudadanos haya sido incapaz de retener el poder.

Visto lo visto Zidane hubiera aconsejado a Rajoy dimitir para que sobreviviera el gobierno y Rajoy seguramente le hubiera sugerido a Zidane resistir para intentar la cuarta seguida. Pero al presidente no se le ocurrió que podía tirar de banquillo sacrificándose él mismo y al entrenador no le apetecía volver a cuadrar el círculo de conseguir un equipo competitivo con una sobredosis de delanteros.  

Con Rajoy en casa, el PSOE ha formado un gobierno llamativo y mucho más interesante y parecido a la realidad española que el que había -en eso Pedro Sánchez ha dado muestras de inteligencia rodeándose de gente más capaz que él mismo- que no podrá gestionar más que el día a día con un presupuesto que no es suyo y esperar unas cuantas broncas parlamentarias de aupa bajo la batuta -más bien desafinada por gruesa- de Rafael Hernando, sobrevivir malamente al desafío intransigente de Puigdemont y Torra, sin poder mirar mucho más allá. Pero esto de la política va de gestos y de credibilidad -justo lo que aportó Zidane al Madrid- y ahí el nuevo presidente parece haber tocado la tecla. Gobernar no podrá gobernar, eso es evidente como ha dicho el sabio Felipe González, pero la campaña la empieza bastante bien, con un astronauta al mando del vuelo.

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