Ana Rosa for president


Si Maxim Huerta puede ser ministro de Cultura, la reina de las mañanas televisivas debería postularse en buena lógica como la nueva candidata y lideresa del PP. En Génova ya están tardando, Ana Rosa lo tiene todo: tirón mediático y popular, experiencia en el medio (nunca más ruedas de prensa a través de pantallas de plasma), es una mujer y hasta ha confesado sus pecados; ya saben, aquel bochornoso episodio del negro de su excuñado plagiando para ella una novelita de Danielle Steel.

Al final, a Pedro Sánchez se le ha visto el plumero, se ha emocionado tanto con su inesperada ascensión al trono -su objetivo, como Iznogud, siempre fue ser califa en lugar del califa- y los ditirambos recibidos estos días por los primeros nombres de su Gabinete que no ha podido resistirse a culminar la faena con una terna que cosechará orejas y rabos en todas las plazas: un astronauta, un juez gay (y posicionado ideológicamente, ergo no imparcial) y un escritor (perdón, Baroja) de textos edulcorados, ex tertuliano de crónica social y colaborador entre otras de la revista Glamour.

Lo cierto es que en el PSOE han calado como nadie la realidad de estos días que nos ha tocado vivir, en los que un reality revienta el share y una pareja de cantantes imberbes protagoniza los telediarios de la pública un día sí y otro también. ¡Viva la frivolité! Dicen que detrás de todo está un asesor que, despechado por no obtener los favores del equipo de Rajoy, se pasó al enemigo y se propuso hacer a Sánchez presidente. Es un genio.

Cuando pase la euforia, cuando hayamos dormido la borrachera, llegará la resaca. La prima de riesgo seguirá ahí, los amables payeses volverán a preguntarnos «qué hay de lo mío» y los fieles aliados del Gobierno lo dejarán con el culo al aire cuando se les antoje. Entonces volveremos la mirada hacia esta izquierda divina, o mejor dicho, hacia la legión de secretarios y subsecretarios que tendrán que gestionarlo todo porque la misión de estos, ya se sabe, es poner la cara. Todavía no se han reunido por primera vez y ya hay división sobre si llamarlo Consejo de Ministros o de Ministras, habida cuenta de la dis-paridad.

Y todavía hay quien lamenta que el presidente no hubiera dimitido. Lo que nos habríamos perdido.

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