Pedro Sánchez, Maquiavelo, la ilusión y el desencanto


La elección de ministros es una de las cosas mas importantes y que da mejor a conocer la sabiduría de los que gobiernan». Lo escribió hace 500 años Nicolás Maquiavelo en El Príncipe. Y no ha perdido un ápice de vigencia. Bajo ese prisma, la designación de ministros que ha hecho Pedro Sánchez revaloriza la figura del nuevo presidente.

Desde el triunfo de la moción de censura, sin apenas hablar en público, ha experimentado una transformación más radical que la del Capitán América. El héroe de cómic era un tipo enclenque y voluntarioso que se convirtió en supersoldado y en un símbolo.

Sánchez era un líder discutido dentro y fuera de su partido, con escaso carisma y poca visibilidad por no estar en el Congreso. Ahora (por lo que se comenta en redes, hogares y bares), parece un estadista. Ha convencido con casi todas sus designaciones. Y, gracias a un fenomenal dominio de la escena (el primer nombre que se filtró, magistralmente, fue el de Josep Borrell), ha proyectado un halo de ilusión por la política en la ciudadanía. ¿Durará?

Ahora viene lo difícil. Lo saben aquellos a los que les gusta el fútbol (lo siento Màxim), una alineación «estelar» no supone éxito seguro. Hay que tener un plan de juego y construir un equipo antes de que llegue, que tarde o temprano llegará, el desencanto.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

Pedro Sánchez, Maquiavelo, la ilusión y el desencanto