Lo anómalo hubiera sido que no cayese el gobierno


Incluso quienes lo han visto con desagrado reconocen que lo que ha sucedido en la política española en los últimos quince días tiene una dimensión histórica. Lo más importante es que la corrupción ha dejado de ser políticamente impune. A la historia pasará también el primer triunfo de una moción de censura en el sistema constitucional de 1978 y, por supuesto, que se haya formado un gobierno con mayoría de mujeres y en el que estas desempeñan casi todos los ministerios más relevantes.

Que a la sanción judicial a las personas implicadas en los casos de corrupción se una el alejamiento del poder del partido desde el que cometieron sus delitos y que, como mínimo, con su complicidad los había favorecido, deberá servir para que en el futuro exista en todos menos tolerancia con los dirigentes y militantes deshonestos y se evite también la financiación irregular, tan estrechamente ligada a la corrupción personal. Desalienta, de todas formas, que el Partido Popular no haya sido capaz de comprender la magnitud de los casos de corrupción en que se ha visto implicado y de la sentencia sobre el caso Gürtel; que el señor Rajoy no haya entendido lo que suponía su aparición en los papeles de Bárcenas y su apoyo a tantos dirigentes corrompidos. El expresidente no se ha ido con elegancia porque no ha reconocido la gravedad de lo sucedido. Es positivo que el PP haya decidido elegir a su nuevo dirigente de forma democrática, pero sin una sincera autocrítica, sin voluntad de regeneración, seguirá siendo indigno de confianza.

Pedro Sánchez escogió la vía que parecía tener menos posibilidades de éxito para presentar la moción de censura. Salió adelante porque los electores vascos nunca le hubieran perdonado al PNV que la hiciera fracasar una vez que quedó claro que sus votos serían decisivos. Unidos Podemos actuó con coherencia: la otra posibilidad, tan constitucional como esta, le hubiera exigido un incómodo voto junto a Ciudadanos, sin que unas elecciones inmediatas le favoreciesen. Contribuir a la caída de Rajoy sin exigir contrapartidas previas demostró altura política y sensibilidad hacia los deseos de la sociedad. En cambio, Ciudadanos cayó en el desconcierto y fue incapaz de reaccionar adecuadamente. Puede comprenderse su rechazo a un gobierno minoritario del PSOE, pero no que votase a favor de Rajoy después de pedirle que abandonase el gobierno. Sin necesidad de abandonar su propuesta de gobierno para convocar elecciones inmediatas, bien pudo abstenerse, o incluso votar a Sánchez, ofreciéndole de forma crítica sus diputados para que no dependiese de los independentistas en futuras votaciones. Al contrario, el señor Rivera prefirió sostener al gobierno censurado por la corrupción, sin duda la peor alternativa, la que convierte en menos creíble su discurso regenerador.

Sería innecesario comentarlo de no ser por el discurso defensivo del PP y de algunos de sus adalides mediáticos, pero la moción de censura fue legal y legítima, tanto como la investidura de Rajoy. No fueron «los españoles» los que pusieron a Rajoy al frente del gobierno, solo lo votó el 33%, fueron los diputados del PP, de Ciudadanos, de UPN, de Foro, de Coalición Canaria y la abstención del PSOE. El PP no tenía mayoría en el Congreso sin contar con otros partidos y por eso pudo configurarse otra alternativa. El motivo que condujo a la moción la justifica especialmente, pero también hubiese sido legítima sin él. Tenemos un sistema parlamentario y lo que ha sucedido es normal y probablemente se repita en el futuro si se consolida la actual pluralidad de partidos. Los españoles votamos a las candidaturas que estos presentan para las Cortes, no a un presidente. Todos los diputados han obtenido el voto popular y todas las alianzas que formen serán legítimas. Si disgustan a sus electores, ya se lo harán pagar en el momento oportuno.

La amplia mayoría de mujeres en el nuevo gobierno es más que un hecho simbólico, como demostraron las medidas a favor de la paridad adoptadas por Zapatero, hay hitos en los cambios sociales que son difícilmente reversibles. Llega, además, después las movilizaciones del 8 de marzo.

Ha sido un gobierno bien acogido, aunque sorprende que Sánchez haya hecho más guiños hacia la derecha que hacia la izquierda. No le interesaba formar una coalición con Unidos Podemos, que seguiría siendo minoritaria, pero sí podría haber incluido a algún independiente que contrarrestase, por ejemplo, a Grande Marlaska. Parece que considera más fácil recuperar votos por la izquierda que por el centro, no deja de ser arriesgado. Si Unidos Podemos actúa de forma inteligente, también puede rentabilizar su nuevo papel.

Los 84 diputados con que cuenta el PSOE son muy pocos, pero no debería costarle sacar adelante algunas reformas como la de RTVE y la ley mordaza. También podrá gobernar por medio de decretos. Lo más complicado será pactar la reforma laboral, la financiación autonómica y medidas que afecten a Cataluña, cuestiones en las que hay posiciones muy encontradas entre quienes apoyaron la moción, pero, en último término, si las Cortes bloquean sus proyectos, Pedro Sánchez siempre podrá disolverlas y atribuir a la oposición que no hayan podido materializarse, lo que le favorecerá en las próximas elecciones.

La victoria de la moción de censura ha sido un soplo de aire fresco que abre una etapa de transición, los cambios más profundos se fraguarán en los próximos meses y que se hagan realidad dependerá de lo que suceda en las elecciones, los resultados estarán muy condicionados por la actuación de los partidos. Es una situación política muy abierta, los errores pueden pagarse muy caros.

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