La casualidad despide a Rajoy

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Decía Napoleón que «en cuantas cosas emprendemos en la vida hay que conceder dos terceras partes a la razón y la otra tercera a la casualidad». Y si se trata del PP, que Napoleón no tuvo la dicha de conocer, hay que variar la proporción y concedérselo todo a la casualidad. Porque ha sido casualidad que la carrera para la sucesión de Rajoy al frente del partido coincidiese con una nueva sentencia que vuelve a insistir en la financiación ilegal del partido, que el tribunal considera «delictiva».

A las despedidas de Rajoy del Gobierno y del PP se invitó la casualidad con sendas sentencias condenatorias que muchos se empeñarán en negar, pero que la sociedad ya ha asumido como confirmación de la corrupción que inunda este país. Quiso el azar que el discurso del ya expresidente coincidiera con la condena a quienes alimentaron la trama valenciana. Y probablemente mientras Rajoy decía aquello de «no tengo sucesores ni delfines», y era ovacionado con entusiasmo, Costa, Correa, Crespo y El Bigotes entraban en pánico pensando lo que se les viene encima.

Pero a quien realmente ha de entrarles -si no el miedo, sí las dudas- es a quienes opten a la sucesión. A los Feijoo, Sáenz y Cospedal, porque es sobre quien logre reinar sobre el que va a diluviar un torrente de sentencias que puede acabar destrozando su recorrido. De la caja B a otras piezas de la Gürtel y de las tarjetas black a la financiación de los populares madrileños, el nuevo líder tendrá que dedicar gran parte de su tiempo a hablar de las resoluciones judiciales. Y cometería un grave error si mantuviese la línea argumental actual consistente en negarlo todo, creyendo que lo que se niega no existe.

La casualidad ha querido que el comienzo de la transición de los populares coincidiera con un nuevo varapalo sobre las prácticas delictivas en su financiación. La casualidad ha decidido amargar la fiesta de despedida de Rajoy. La casualidad puede haber enfriado el entusiasmo de algún candidato. «Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así», decía Delibes en El camino. Porque, como dijo el escritor colombiano Jorge Franco, «en la vida uno termina dependiendo más de la casualidad que de alguna persona».

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