Partido Popular, formación de combate

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Mariano Rajoy no ha convocado congreso extraordinario para el 20 y 21 de julio, que eso se podía hacer sin tanto ceremonial ni tanto misterio sobre la fecha. Por lo menos, sin tanto discurso de solemnidad. Lo que hizo Mariano Rajoy fue poner al Partido Popular en formación de combate para el mes de septiembre. Para el próximo período de sesiones, ya desde la oposición, «el PP debe estar perfectamente organizado para esta etapa de control y propuestas». Dicho en lenguaje más periodístico: prepárese, señor Sánchez, que las huestes populares tienen instrucciones de cercarle a la vuelta de vacaciones. Le acaban de dar tres meses de tregua. Aprovéchelos, que no habrá ni uno más. El discurso que ayer pronunció «la persona a la que acaban de echar» tenía resonancias de aquello de batallas anteriores: dispone usted de un Gobierno de mucho colorido que ya gana en las encuestas, pero ya veremos el resultado, y el Partido Popular se cree en la misión patriótica de rescatar al país de lo que siempre trae el socialismo, que es paro, dispendio y peligro para la nación.

Así le sonó a este escribidor, con ese mensaje de fondo de neutralidad personal -«ni tutelas ni tutías», decía Fraga- ante la elección de sucesor, de loas a la militancia, de llamadas rituales a la unidad y de obligado autobombo al orgullo partidista. Anótese que Rajoy otorga más importancia escénica a su renuncia como presidente del PP que a su cese como jefe del Gobierno. De la presidencia del Gobierno salió con un brevísimo, pero elegante, discurso en el Congreso. De la jefatura del PP se marcha con un discurso a la ejecutiva, otro a la junta directiva nacional y el que dirá en el congreso de julio. Se nota que tiene la salud mental suficiente para saber que presidir el Gobierno es un hecho temporal, pero dirigir el partido es una creación para la historia. Es más hombre de partido que de Gobierno.

Por eso me creo a medias su absoluta neutralidad. Él tiene, naturalmente, su candidato: ¡cómo no lo va a tener! Conoce a todos los competidores, si hay más de uno. Sabe quién se parece más a él, quién tiene más autoridad natural, cuál ofrece mejor balance de resultados, cuál es el preferido de la militancia, cuál sufre menor rechazo en los sondeos, cuál demostró más disciplina y convicción en el difícil equilibrio entre austeridad y eficacia, cuál organiza y controla mejor las cuentas públicas, cuál tiene más reconocimiento social que las siglas del partido que representa y, puesto a anotar valores, cuál de todos ellos (y ellas) nació más cerca de Pontevedra. Lo de hablar gallego no me atrevo a mencionarlo, porque no estoy seguro de que sea un valor que contabilice mucho en los hábitos culturales de Rajoy.

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