Para lo que hace, la disolvemos

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Tan huérfana, desnortada y necesitada está Europa de un líder que se ponga al frente de sus necesidades que solo horas después de sentarse en la Moncloa y con un par de telefonazos, Pedro Sánchez ha solucionado un problema que estaba a punto de causar una tragedia. Un desastre por el riesgo que corrían las vidas de 629 personas y por comprobar cómo nuestra querida y bien construida Unión Europea era incapaz de reaccionar y actuar.

El episodio del Aquarius nos ha vuelto a demostrar la debilidad e incluso lo innecesaria que puede resultar la UE en los momentos más dramáticos y decisivos. Porque si es incapaz de reaccionar y poner orden ante una catástrofe humanitaria, ¿qué vamos a esperar de ella ante problemas de menor trascendencia? Ya no solo pasa por alto el acuerdo de la tasa de acogidos, que todos los países incumplen reubicando al 13 % de refugiados de los que se comprometieron, sino que es incapaz de poner en su sitio a Italia, de tomar una decisión o de pronunciarse, al menos.

Pedro Sánchez es el que solucionó momentáneamente un problema de extraordinaria gravedad a la vieja Europa. Mucho debió de crecer su ego con las flores que le lanzaron los otros socios. En esta ocasión España ha hecho lo que tenía que hacer, que no era otra cosa que buscar con urgencia un puerto a un barco a la deriva. Pero ni esto se puede convertir en norma, porque así no se soluciona el problema; ni el presidente español va a erigirse en el gran líder que la UE necesita. No seamos ilusos.

Lo que sí puede hacer Sánchez es un segundo servicio a la ciudadanía. Trasladando al seno de la UE la condena, la rabia y el disgusto de decenas de millones de ciudadanos europeos por lo vivido. Y diciéndoles a todos esos señoritos, que alimentamos sin saber muy bien para qué, que para la utilidad que nos tiene esta Unión lo mejor es ahorrarnos el dinero y disolverla. Porque para lo que hace no la necesitamos.

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Para lo que hace, la disolvemos