El «dream team» que tiene en sus manos el futuro del Partido Popular


Hay un momento fascinante en el instante previo a los conciertos de música clásica. Es cuando el concertino da la nota para que, en medio de un sonido tan fortuito como maravilloso, los maestros afinen sus instrumentos. Ese glorioso caos dura apenas unos segundos, hasta que entra en escena el director y los músicos lo reciben puestos en pie, entre los aplausos del público. Luego basta un simple gesto de la batuta para que brote el silencio, los intérpretes se sienten y, con otro movimiento de batuta, el director haga nacer de la nada la música hibernada en las partituras.

El Partido Popular está ahora mismo en medio de ese glorioso caos, con cada músico tocando el instrumento a su bola y sin ni siquiera un simple concertino del que echar mano para coordinar su afinación.

A la espera de que hoy, a las dos de la tarde, se cierre el plazo oficial para presentar candidaturas, el futuro del PP está en las manos de un dream team formado por Cospedal y Santamaría, dos herederas directas del marianismo que tienen en su carrera proezas como el pago en diferido a Bárcenas o la nefasta gestión de Soraya en Cataluña; el lenguaraz Tutankamón Margallo; un Pablo Casado demasiado acelerado y muy tocado por su turbio currículo universitario; y los estrafalarios casos de los ignotos García Hernández y Bayo.

Esta es la alineación que, se supone, ha de sacar del abismo a un PP calcinado por las sentencias judiciales sobre la corrupción -y las que faltan por venir- que tumbaron de un solo golpe a Mariano Rajoy y colocaron a un desahuciado Pedro Sánchez en la Moncloa.

Salvo que hoy salte alguna sorpresa de última hora -está la cosa como para aventurar profecías-, la batalla parece que se va a reducir a un duelo -a muerte, eso sí- entre las dos mujeres que más poder acumularon durante el mandato de Rajoy: la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, una tecnócrata que falló estrepitosamente en su labor de llevar el día a día del Ejecutivo, como por desgracia pudimos comprobar durante el referendo ilegal del 1 de octubre; y María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP, ingeniera jefa de la sala de máquinas de Génova 13 y exministra de Defensa. Un O. K. Corral en toda regla que amenaza con partir en dos el PP y que deja a Pablo Casado en claro fuera de juego, como un espectador privilegiado del intercambio de disparos.

Si al final, en medio de este batiburrillo de candidatos, aparece un auténtico director de orquesta, su primera misión será poner en los atriles la Segunda sinfonía de Mahler. Esa que empieza con una muerte y remata con el Juicio Final y la resurrección de la carne. Pero, por ahora, esto del PP tiene toda la pinta de acabar en una matanza gore como la ópera Tosca.

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