Por los gitanos


Los gitanos llegaron a la península ibérica en el siglo XV. Un tal Juan de Egipto Menor fue el primer gitano en hacerlo, o al menos es el que mayoritariamente es aceptado como tal. El hombre iba de peregrinación a Santiago de Compostela y Alfonso V, rey de Aragón y muchos otros sitios, que un reino se le quedaba corto, le concedió un salvoconducto para poder atravesar estas tierras. El documento que acredita esta historia se puede leer en la página de Unión Romaní, y es el primer documento que acredita la llegada de los gitanos a España.

Lamentablemente, la generosidad de Alfonso V no se extendió a todo el mundo, y ya en 1499 se redactó una Pragmática antigitana que firmaron los Reyes Católicos muy católicos. En aquel texto podemos leer:

«mandamos que desde el día que os fuere notificada (…) [dispondréis de] hasta sesenta días para que vosotros y cada uno de vos viváis por oficios conocidos (…) o tomades vivienda de señores a quien sirváis (…) y no andéis más juntos vagando por estos nuestros reinos como ahora lo hacéis o dentro de otros sesenta días (…) salgáis de nuestros reinos y no volváis a ellos de manera alguna so pena que si en ellos fuéredes hallados, o tomados sin oficio, o sin señores, o juntos, pasados los dichos días, que den a cada uno de vos cien azotes por la primera vez y le destierren perpetuamente de estos reinos y por la segunda vez que vos corten las orejas y estéis sesenta días en la cadena y tornéis a ser desterrados como dicho es y por la tercera vez que seáis cautivos de los que os tomaren por toda vuestra vida»

Desde entonces, han sido muchos los intentos de sacar a patadas al pueblo gitano de aquí o de obligarles a integrarse, sea lo que sea eso, a palos. Unas 280 pragmáticas más contra ellos, de hecho. Pero quizá el intento más infame, más indecente y genocida, fue el autorizado por el rey Fernando VI en 1749, conocido como la Gran Redada o Prisión general de gitanos, un pionero e innovador intento de exterminar a todo un pueblo que acabó llevando a prisión a 9000 personas y que, afortunadamente, después de un atasco legal considerable, acabó con la libertad de los gitanos gracias a Carlos III, proceso que duró de 1763 a 1783. Además, fue Carlos III quien declaró a los gitanos ciudadanos españoles.

En 1978 el pueblo gitano español pudo respirar un poco más tranquilo - no mucho, todo hay que decirlo - cuando en el Congreso de los Diputados se votó una resolución que fusilaba tres artículos del Reglamento de la Guardia Civil abiertamente discriminatorios para los gitanos. Hoy los gitanos españoles son españoles por fin, y su cultura está entre nosotros y forma parte de nosotros. Algunas palabras como curro, chaval o molar, son palabras tomadas del caló, el idioma de los gitanos españoles y que en otros tiempos era símbolo de que esos dos algo están tramando, por así decir. Pitingo no solo es el nombre de un cantante ignominioso, también es una palabra caló que significa presumido, y ciertamente, nunca un cantante tuvo un nombre tan afín a sí mismo.

Hay gitanos por toda Europa, por todo el mundo, y el pueblo gitano es un pueblo duro y curtido que ha sobrevivido a mil terrores. El más infame de ellos se conoce como Porraimos, el genocidio gitano perpetrado por los nazis que llevó a la muerte a medio millón de personas de todo el continente.

De unos días a esta parte no dejo de pensar qué pudo suceder, porque quizá alguien quiso hacer una lista de gitanos, o incluso un censo, y la cosa acabó como acabó en más de 300 ocasiones durante cinco siglos para coronar quinientos años de persecución sistemática con el asesinato masivo a escala industrial. Pongamos que alguien como el xenófobo ultraderechista Ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, que pretende hacer un censo de población gitana para expulsar a los gitanos que estén en el país ilegalmente. Salvini lamenta, además, tener que quedarse con los gitanos italianos. No me cabe ninguna duda de que si pudiera los expulsaría a todos, y si no pudiera hacerlo, probablemente buscaría la manera de hacerlos desaparecer. Lo digo en serio: creo que Matteo Salvini, que la Liga Norte, es perfectamente capaz de ejecutar una limpieza étnica. Los nazis hacen cosas de nazis, y quizá esta sea una de las pocas verdades universales.

Mientras todo el mundo mira estos sucesos como las vacas viendo pasar el tren (aún no de camino a Auschwitz. afortunadamente), no puedo evitar pensar cómo deben sentirse en este momento los gitanos de Italia. Pero lo cierto es que esta vieja historia de persecuciones y humillaciones tiene precedentes no muy lejanos. Cuando era Ministro de Interior de Francia, el hoy alcaldable por Barcelona Manuel Valls ya habló de expulsar a los gitanos rumanos de Francia y asoció a todo el colectivo con la mendicidad y la delincuencia. El Primer Ministro de Hungría, el ultraderechista Viktor Orbán, lleva muchos años vomitando un discurso racista de odio hacia las minorías, entre ellas, como no podía ser de otra forma, la minoría gitana. De nada vale sorprenderse ahora.

Matteo Salvini es un monstruo filonazi. Algunos apuntan a que el Movimiento Cinco Estrellas está un poco tenso con el señor ministro, pero es que, insisto, no vale de nada sorprenderse ahora. Ellos ya sabían que la Liga Norte es un partido fascista, liderado por fascistas, hasta un elegante fascista negro tienen, y si decides gobernar un país de la mano del fascismo, no eres más que otro vulgar fascista, un matón de mierda. De lo que le suceda al pueblo gitano en Italia tanta culpa tendrá Salvini como quienes le mantienen en el poder e incluso quienes le votaron.

Mientras, en España, estos días algunos han sacado a relucir en redes sociales sus prejuicios hacia los gitanos. Que si les dan pisos, que si les dan dinero, que si les dan y a mí no, que si son muy cerrados los gitanos y yo soy tan abierto que quiero que se vayan de mi país. El fantasma de las Pragmáticas, de la persecución y el exterminio, exitoso o no, sobrevuela las cabezas de un pueblo perseguido casi desde su misma llegada a Europa, y todavía hay quien se sorprende de que no se fíen de nosotros.

Los gitanos andariegos cuyos hijos nacían en los caminos solo son el tópico que encubre otros aspectos de este pueblo. Nadie habla de personas como Helios Gómez Rodríguez, anarcosindicalista, pintor y poeta gitano de Triana que luchó en el bando republicano durante la Guerra Civil. Recorrió toda Europa, y fue una figura importante de la vanguardia artística española de comienzos del siglo XX. En su libro de dibujos y poemas Días de ira, publicado en Berlín por la Asociación Internacional de Trabajadores, hay una dedicatoria del artista: «A todas las víctimas del fascismo mundial». Quedémonos con eso, porque no van a ser las últimas.

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