Cristina Coto y Cascos


La capacidad autodestructiva de Francisco Álvarez Cascos (FAC) no conoce límites ni admite graduaciones. La descalificación y el acoso político a la presidenta del partido, Cristina Coto,  viene a resumir el catálogo de actuaciones incomprensibles del que fuera todopoderoso secretario general del PP, luego vicepresidente y más tarde ministro con José María Aznar.

Camino a la irrelevancia política total, salvo que Carmen Moriyón lo evite en última instancia, el conocido general secretario no se ha buscado más que conflictos por quítame allá esas pajas. Hubo muchos, como recordará bien Isidro Fernández Rozada, pero desde el más sonado con la defenestración absurda y temeraria de Sergio Marqués cuando era presidente del Principado hasta este de Cristina Coto su deambular no ha podido ser peor. Ni un aficionado malintencionado y caprichoso de la política cometería tantos errores, pisaría tantos callos y eliminaría a tantos amigos de una tacada.

No hace falta recordar que, incomprensiblemente para cualquiera que conociera su trayectoria, llegó a ser presidente del Principado un corto y desolador período, aupado por el populismo recurrente que estaba harto de aquel binomio PP-PSOE que supo manejar muy bien electoralmente. Y punto y aparte. Desde entonces Foro no levanta cabeza pese al auge de los nuevos partidos en España, y Álvarez Cascos no hace más que crear nuevos enemigos en cuanto alguien próximo se le pone a tiro. Descabalgar a quien no le es perrunamente fiel es una de sus habilidades más contrastadas.

Pero si esa capacidad para formalizar despidos y expulsiones fuera poco estos días un grupo profesores de varias universidades han publicado en el Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles un demoledor estudio sobre los excesos de los años de bonanza en España. Calculan aproximadamente unos 81.000 millones en «infraestructuras innecesarias, abandonadas, infrautilizadas o mal programadas». A simple vista muchas de ellas fueron impulsadas por FAC (variante de Pajares, autopistas de peaje en Madrid, líneas de AVE, terminal 4 de Barajas) y hoy son un calamitoso ejemplo del desperdicio del dinero del Estado. Por cierto que entre esas obras se incluyen también el puerto del Musel (imputable a Vicente Álvarez Areces) y otras muchas impulsadas por gobiernos socialistas (¡ay Pepiño Blanco!)

Definitivamente FAC ha levantado su leyenda sobre el hormigón y el asfalto y sus últimos seguidores (imbatible Isidro Martínez Oblanca entre ellos) todavía se agarran a la autopista  Cangas de Onís-Arriondas-Ribadesella para defender su legado. Pero lo que de verdad permanecerá es su capacidad para devorar a sus hijos como un Saturno de andar por casa. Y, por tanto, aquello de ser el Jovellanos del siglo XXI a lo que aspiraba no pasa de ser un broma pesada.

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