La Manada: parece una provocación


Otra decisión judicial sobre la Manada y otra vez vendrá una oleada de protestas. La Audiencia de Navarra acordó, otra vez sin unanimidad, concederles la libertad condicional con una fianza de 6.000 euros por cabeza y otras medidas cautelares. Y volvió a ocurrir lo mismo que cuando se redactó la sentencia: no hubo unanimidad de los miembros del tribunal. Dos de ellos no apreciaron ninguno de los motivos generalmente aducidos para negar la libertad condicional: el riesgo de fuga y el de reiteración delictiva. Ojalá sus señorías tengan razón y no los desmientan los hechos. 

Ante esta nueva discrepancia de los jueces, lo primero que deseo lamentar es que a la hora de escribir esta columna la Audiencia de Navarra no había facilitado el auto. Ignoramos, por tanto, cómo el tribunal argumenta la concesión de la libertad condicional y cuáles son las razones por las cuales el presidente sostiene que deberían seguir en prisión. Se ha privado a las primeras opiniones que se publican de datos fundamentales para expresar un criterio. Con lo cual, esos jueces no podrán quejarse si hoy se hacen interpretaciones simplistas y vuelven a ganar la batalla de imagen los opuestos a la libertad. Estamos ante una materia muy delicada en la que un análisis defectuoso daña la credibilidad de la Justicia, pero esos jueces colaboran a ese deterioro por su lentitud informativa.

La consideración habitual es que, si hay división de opiniones entre los jueces, es que su decisión es discutible y, si su decisión es discutible, fíjense cómo la discutirán los juicios paralelos de las televisiones y el conjunto de la sociedad. Los movimientos feministas o simplemente populares que inundaron las calles al grito de «No es abuso, es violación» volverán a salir ahora, y quizá con más intensidad.

Hay una enorme sensibilidad ante estos sucesos y la que alguna vez hemos llamado aquí «justicia popular» tiene una demostrada capacidad de movilización. Además, la gente no entenderá por qué los miembros de la Manada estaban en prisión provisional, si hubo una sentencia condenatoria. Por mucho que se explique que esa sentencia no es firme, está recurrida ante el Tribunal Superior de Justicia de Navarra y está anunciado recurso ante el Supremo, será difícil entender la libertad después de la alarma social creada.

Porque esa es otra: la Manada es un caso típico de alarma social. Y esa alarma no la crean solamente los hechos, sino el clima de opinión que se había fomentado. Por ello, posiblemente estemos ante un error. Comprensible, porque se cometió de acuerdo con la ley. Inaceptable, porque ver a la Manada en libertad es hacer oídos sordos a una sociedad incendiada por el delito que se juzgó. Incluso parece una provocación.

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