Sánchez-Iglesias, como una coalición secreta

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De pronto, Pedro Sánchez encontró un gran colaborador, fruto de la necesidad de uno y los deseos del otro. Es decir, un matrimonio de conveniencia. Ese colaborador se llama Pablo Iglesias Turrión y es secretario general de Podemos. Recuerden: fue el que le dio más votos a Sánchez en la moción de censura porque dirige el tercer partido con mayor representación parlamentaria. Por tanto, Pedro Sánchez está interesado en una relación excelente porque si un día Pablo le falla, ahí terminó su aventura presidencial. Sigan recordando: ambos líderes mantuvieron una reunión secreta en la Moncloa de la cual nos enteramos cuatro días después, pero ignoramos lo tratado. Por lo que vimos después, de esa cita pudo haber salido un acuerdo general de colaboración por parte de Iglesias y una cesión desconocida de poder por parte de Sánchez. Recuerden más: en la sesión de control del pasado miércoles, Iglesias estuvo cordial con el presidente, le hizo una pregunta cómoda y su intervención sonó a la frase preferida del líder de Podemos: «Juntos podemos hacer grandes cosas». Penúltimo recuerdo: este domingo, en sus primeras declaraciones a un periódico, el señor Sánchez no tuvo pelos en la lengua: «PSOE y Podemos sabemos que para transformar el país tenemos que entendernos». Y último: ayer, Iglesias visitó a Torra en la Generalitat, y la portavoz Elsa Artadi dejó esta definición: «Hay un Gobierno en minoría y la gran fuerza le viene a través de Podemos».

Estos son los datos para el diagnóstico. Impresiones: el entendimiento Sánchez-Iglesias funciona, para disgusto de los socialistas que echaron a Pedro de la secretaría general del PSOE porque se estaba «podemizando». El afán de colaborar entre ellos es común y además confesado por ambos. Cuando Iglesias se entrevista con Torra, no sabemos muy bien si lo hace únicamente como secretario general de Podemos o es una especie de embajador de Sánchez, que acude en su nombre a hacer una prospección del terreno ante la reunión del próximo día 9. Y finalmente, se abre una importante incógnita de futuro, porque una cosa es un Gobierno del PSOE, que fue la promesa inicial de Sánchez, y otra muy distinta un Gobierno de PSOE y Podemos, como una coalición secreta y solo descubierta por la necesidad de Iglesias de demostrar influencia y poderío. Y no es lo mismo, entre otras razones, por una fundamental: el PSOE que conocemos es claramente constitucionalista y Podemos prometió un proceso constituyente en su último programa electoral.

No estoy diciendo que esta alianza sea buena o mala. Estoy reclamando el derecho de los ciudadanos a saber cuál de los dos programas se va a poner en marcha y otro derecho previo: el de saber quién gobierna de verdad.

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