Los gestos de Pedro Sánchez


La estrategia y la imagen lo son todo en los primeros días del Gobierno de Pedro Sánchez.

El nuevo presidente dosifica tanto sus apariciones y comunicaciones públicas que ya hay quién, con retranca, echa de menos el mítico plasma del registrador de Santa Pola.

Conscientes de que la legislatura puede saltar en cualquier momento por los aires por la inmensa minoría del PSOE, Sánchez y su principal asesor, Iván Redondo, tienen un plan para controlar la exposición pública del presidente. Y le dan mucha importancia a lo simbólico, a los gestos. De ahí viene la difusión en redes de las fotos tipo Tom Cruise en Top Gun (a lo Kennedy) y esas manos que «marcan la determinación» del Gobierno.

¿Funciona aquí esa manera de hacer política a la americana? Pues parece que no. O al menos no como le gustaría al inquilino de la Moncloa. El cachondeo, y las burlas colmaron la paciencia del presidente, que quiso correr un «tupido velo» para evitar convertirse en una «vedette». Hace bien Sánchez en poner límites. Tiene a su lado un genio táctico, Redondo, pero debería preocuparle lo que pasó con anteriores asesorados. Albiol, Basagoiti o Monago también fueron estrellas refulgentes. Y un día dejaron de brillar.

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