Adiós, Mayo 68


La gran atención mediática que suscitó la celebración del cincuenta aniversario del Mayo 68 nos ha permitido conocer muchos testimonios de protagonistas de aquellas revueltas, sobre todo en Francia, pero también en Alemania, EE.UU. y, con distintos matices, en España. Pero, ¡ay!, los testigos que hemos podido ver y escuchar eran mayormente setentones que rememoraban su «revuelta juvenil» y que ya no eran capaces de fijar la relevancia de una aportación histórica que logró conmover el mundo occidental. Porque, de hecho, sólo en Francia -y durante muy pocos días- hubo un riesgo real de que el sistema gaullista se quebrase o desmoronase. Pero no sucedió.

Los jóvenes rebeldes de entonces, que ahora han comparecido lógicamente decaídos en los reportajes, ya no han sido capaces de fijar la verdadera trascendencia histórica de los episodios revolucionarios que vivieron. Por el contrario, una especie de desengaño ha debilitado sus versiones y las ha sumido en la incertidumbre o en la desconfianza. Aunque sospechan que aquel mayo lo redefinió casi todo, y tienen razón.

Porque fueron sus palabras y sus novedosos conceptos -de formulación poética- los que obtuvieron fuerza y significado. Por eso el Mayo 68 fue importante en sus vidas (y también en las nuestras, porque de ellos heredamos una cosmovisión sutilmente crítica que sigue alimentando y movilizando nuestra visión social y política). Mayo 68 fue crucial en sus biografías, ya que tuvieron una implicación directa en aquella movida revolucionaria que empezó siendo estudiantil. Porque esa revolución fue también un sueño (y más hermoso cuanto menos cruento). Pero, claro, cincuenta años después aquellos mozos brillantes de antaño andan ahora paseando sus achaques. Ley de vida.

¿Qué sigue vivo cincuenta años después? Las frases hermosas, es decir, las palabras, las pintadas en los muros, la ilusión de reformularlo todo. «Mis deseos son la realidad», «¡Viva la comunicación, abajo la telecomunicación». «La barricada cierra la calle pero abre el camino». «El patriotismo es un egoísmo en masa». «Hay que explorar sistemáticamente el azar». «Prohibido prohibir»... Porque la batalla de las palabras sí que la ganaron, esa sí.

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