Del tiquitaca al taca-taca


Antes solíamos consolarnos con aquello de «jugamos como nunca y perdimos como siempre». Ahora la frase cobra un nuevo sentido, porque la Selección jugó este Mundial con un estilo completamente innovador y revolucionario y que de haber ganado rivalizaría con los mejores sistemas futbolísticos de la historia (a saber: la Naranja Mecánica de Cruyff y el Athletic de Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gaínza): andando.

Del célebre tiquitaca que nos dio un Mundial y dos Eurocopas hemos pasado al taca-taca, que consiste en deambular por el medio campo como si fuéramos atados a un andador -más que infantil, de geriátrico-, mirar mucho hacia atrás y rifar el balón al mejor postor, que suele ser un rival. ¿Resultado? Antes caíamos siempre en cuartos y ahora lo hacemos en octavos.

De nada sirvió que un día antes del partido contra Rusia Mbappé mostrara por dónde van los tiros del fútbol en el 2018, que es precisamente ser rápidos y fulminantes como una bala.

No hay que rasgarse las vestiduras. Los supervivientes de Sudáfrica eran ocho años más viejos y los nuevos sencillamente no tienen la calidad que asombró al mundo en Johannesburgo y Kiev. Si algo aprendimos entonces es que los campeonatos no se ganan con furia y vacas sagradas, sino con inteligencia, creatividad, velocidad... y suerte.

No todo está perdido. Ayer, en la que dicen que es la ‘Catedral del Motociclismo’, Assen, tres pilotos españoles coparon el podio de la categoría reina en una de las carreras más bellas y espectaculares que se recuerdan. Verlos allí arriba, coronados por tres banderas rojigualdas y escuchando el himno sin letra, fue fabuloso.

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