Tú quieres un show


Esta semana ha saltado un rumor sobre la posibilidad de que algún canal de televisión tenga previsto entrevistar a la tristemente famosa Manada de violadores de San Fermín. Aunque varios medios han querido mostrar dignidad asegurando en directo que ellos no harían esas cosas, ni tenían ni tienen pensado hacerlas ni nada de nada, lo cierto es que existen suficientes precedentes como para tomarse el rumor más o menos en serio.

Cuando Miguel Ricart, el único condenado por el triple crímen de Alcässer, salió de prisión en 2012, fue inmediatamente perseguido por los medios. El asesino dio vueltas por media España mientras le perseguían los periodistas a su salida de la cárcel de Herrera de la Mancha y fue vigilado discretamente de cerca por algunos guardias civiles de paisano.  Antes de desaparecer en un autobús hacia Francia, después de intentar renovar el DNI sin éxito en una comisaría de Girona, Ricart concedió entrevistas más o menos formales durante su huída de los medios. En una de ellas, concedida durante setenta minutos a un periódico regional, se sintió lo suficientemente relajado como para no justificar lo que hizo ni escudarse en teoría de la conspiración alguna. Tan solo quería huir y que le dejaran en paz. Otros medios también lograron entrevistarle, no solo en los momentos inmediatamente posteriores a su excarcelación donde aseguraba ser una cabeza de turco, pero el qué dirán, que no el decoro, les impidió publicar o emitir sus palabras.

Pero Ricart no fue ni de lejos el primero. En 1993, Televisión Española emitió una entrevista a Manuel Delgado Villegas, más conocido como el Arropiero, uno de los asesinos en serie más prolíficos de nuestra historia. En el vídeo, que se puede ver en la web del ente público, apenas se entiende lo que dice, sujeto como está a una fuerte medicación. Aseguraba fumar más de diez paquetes de cigarrillos diarios. Sufría una enfermedad mental.

En 1996, el periodista Jesús Quintero, en el programa de Antena 3 Cuerda de presos, entrevistó a otro famoso criminal español, el asesino de mendigos y mendigo él mismo Francisco García Escalero, un alma torturada desde que era un niño y destrozada por el alcoholismo y la esquizofrenia. En esta entrevista Escalero es apenas entendible cuando habla, prácticamente igual que tres años antes lo fue el Arropiero. Con todo y con eso, el programa fue visto por 1.867.000 espectadores, superando en 200.000 a emisiones anteriores del mismo.

Telemadrid, en febrero de 2002, emitió una entrevista telefónica con José Antonio Rodríguez Vega, el asesino de ancianas de Santander, un monstruo ególatra y mentiroso compulsivo cuya vida terminó a manos de otros dos presos que le propinaron más de cien puñaladas, una auténtica orgía de sangre que no evitó que a su llegada a los juzgados, los asesinos del asesino fueran recibidos entre aplausos mientras uno de ellos, apodado el Zanahorio, sonreía como sonríe la mala vida, apenas sin dientes, y se exhibió como un héroe, a pesar de que la muerte de Rodríguez Vega tuvo más que ver con asuntos entre presos que habían coincidido con anterioridad, lo que ya le ocasionó la pérdida de medio dedo al asesino en serie por chivato. Curiosamente, Rodríguez Vega coincidió un corto tiempo en la cárcel de Carabanchel con el Arropiero y las fantasías periodísticas de algunos hablaron de una especie de rivalidad de cofradía entre ellos, algo difícil de creer dadas las características de Delgado Villegas, totalmente opuesta a la lucidez del asesino de ancianas.

Podría seguir poniendo ejemplos durante varias columnas. No es una práctica exclusiva de nuestro país. En Japón, Issei Sagawa, después de haber asesinado y devorado parte del cadáver de una estudiante holandesa en París, fue diagnosticado como enfermo mental y recluido en una institución psiquiátrica. Allí contrajo una enfermedad y los médicos creyeron que no tardaría mucho en morir, suceso que aprovechó el influyente padre de Issei para solicitar el traslado  de su hijo a Japón. Una vez allí, la leve dolencia intestinal que sufría se curó, y dado que en Japón no tenía ningún crimen que pagar y en Francia habían retirado los cargos ante su inminente fallecimiento, después de poco más de treinta meses en una institución japonesa, Issei Sagawa fue puesto en libertad. Fuera empezó a conceder entrevistas, publicó varios libros relatando su crimen y hablando de canibalismo, apareció y aparece en shows televisivos, interpretó papeles en el cine, ha sido crítico gastronómico y vive relativamente bien en un apartamento en Tokio. Asegura que no está curado, que todavía tiene fantasías caníbales, pero no quiere volver a ponerlas en práctica.

Truman Capote entrevistó a Bobby Beausoleil, músico y miembro de la Familia Manson, condenado por el asesinato y tortura de un traficante de drogas, hecho que probablemente llevó al resto de la familia a perpetrar el Helter Skelter. Fue en 1970, y la entrevista dio como fruto el relato Y luego ocurrió todo que se puede leer en el libro Música para camaleones. La lista es muy larga: Jeffrey Dahmer, Edmund Kemper, el francotirador Joseph Paul Franklin, con veinte muertos a sus espaldas y el intento de asesinato al magnate del porno Larry Flint, que dejó a este en silla de ruedas.

Entre todas estas estrellas del crimen y la Manada, hay muchas diferencias, claro. Una de ellas, la más significativa para lo que me ocupa, es que los violadores no tienen todavía una sentencia firme. Todos los arriba mencionados estaban ya condenados cuando fueron entrevistados. De hecho, Joseph Paul Franklin concedió la entrevista en el mismísimo corredor de la muerte. Por esto mismo no me creo la dignidad ni la integridad de quienes anuncian, en un arrebato moralizante que hasta ayer nadie hubiera sospechado ni por un segundo, que no van a ser entrevistados. Ahora, una entrevista a los violadores probablemente podría costarles patrocinadores, y es esto lo que realmente importa, no la dignidad de nadie, no se vayan a creer.

No estoy en contra de entrevistar a criminales, pero el problema no es hacerles una entrevista en sí. El problema es qué clase de entrevista se va a hacer. Porque en este país algunos medios han fomentado el linchamiento incluso de inocentes, como en el caso del niño Gabriel, o años atrás el pobre Claudio Alba acusado injustamente de ser el asesino de prostitutas de Castellón, o el más conocido de Dolores Vázquez, a la que nadie podrá devolver una vida normal después de todo aquello, o aquella famosa portada que nos informaba de cómo es el rostro de un asesino que al final acabó no siendo un asesino. No temo tanto a los criminales como a quienes los ensalzan, que algunas veces son los mismos que han crucificado a un inocente.

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