Empate técnico, empuje de renovación


La militancia del Partido Popular -la escasísima militancia que ayer votó- ha dictado su primera sentencia. Tenía seis candidatos para elegir, pero desde el principio decidió fijarse solo en tres: Cospedal, Sáenz de Santamaría y Casado. Cospedal era el aparato, Soraya era la eficacia administrativa y Pablo Casado era, sencillamente, el nuevo, en todos los sentidos de la palabra, y como tal supo presentarse como el renovador y como el candidato de las bases. Es decir, quiso ser Pedro Sánchez frente a Susana Díaz.

Si esto fuese una eliminatoria de la Copa del Rey, diríamos que todo queda abierto para el partido de vuelta. El de ayer terminó en lo que se llama empate técnico. Es tan pequeña la diferencia entre Soraya Sáenz de Santamaría y Casado, que todo puede ocurrir en el congreso de los días 20 y 21. La última palabra la tendrán los compromisarios y lo más negativo para el PP en este momento preciso es que sale de la primera edición de las primarias sin un liderazgo claro.

Pero no escribamos el futuro todavía. Lo que han dejado claro los votantes es que ser una valiosa secretaria general como Dolores de Cospedal no significa una buena conexión con las bases, que se mueven por estímulos de simpatía y carisma y está claro que algo de eso le falló y se produjo lo de siempre, lo de todas las primarias de todos los partidos: se votó contra el aparato y el aparato en estas urnas era Cospedal.

La victoria numérica le corresponde a Sáenz de Santamaría. Es decir, que se votó la eficacia. Fue la cara del gobierno en tiempos difíciles, aunque no pisó el partido. Y le dio la victoria Andalucía, básicamente Andalucía, lo cual oscurece un poco su triunfo, porque no tiene la misma representatividad en el conjunto de España. A pesar de todo, es una pequeña satisfacción para el marianismo, que se vería seriamente castigado si el más votado hubiera sido el nuevo.

Pero el vencedor moral ha sido Casado. Nadie contaba con él en la carrera por la presidencia, pero tuvo la osadía de presentarse y obtuvo un magnífico resultado. Sin ser el primero, logró más de lo que podría pensarse: se sitúa en la élite, con capacidad para imponer sus condiciones y sus nombres, quizá también su filosofía en caso de que se siga aspirando a una lista única. De momento, es quien tiene el poder de decidir. Y la voluntad de renovación que manifestó y el electorado le premió marca el camino a seguir por la nueva dirección. No la puede ignorar. Gran parte de las bases también quiere cambio. O refundación, si es cierto que Casado representa el aznarismo. En el interior del PP ha surgido un empuje de renovación.

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