¿Aprobaría hoy Bueno unas oposiciones de Secundaria?


No, ni de coña, ni aliándose todos los númenes, ni cerrándose a la manera de las primeras las segundas ciencias; antes se desplomaría la bóveda celeste sobre esta pringada región. Un Gustavo Bueno de 22 años que se hubiese presentado a las oposiciones sería cateado en el temario y en el ejercicio práctico, y en alguno de los sesudos tribunales que se empalmaron en Oviedo, ni sería calificado; sería, simplemente, ridiculizado.

Bueno habría escogido, digamos, por decir algo, el tema de Kant. Habría desplegado un conocimiento que desbordaría no solo lo que se recoge en el temario oficioso, sino que también rompería los corsés de los manuales y de los autores fetiche de las mesnadas de sofistas-sofistas (un sofista verdadero cobra, pero filosofa; un sofista-sofista reduce su tarea a cobrar, a querer cobrar más y a ver de qué manera vivir plenamente en la sociedad de la idiotez). O sea, un Bueno de 22 años introduciría en su ejercicio ideas novedosas tejidas desde la totalidad de la Filosofía (‘symploké’), y la respuesta a esta exposición de Idea de las ideas sería la carcajada, «ergo» el cate.

Peor aún. El comentario al texto que se le presentara en el ejercicio práctico resultaría tan  flameante que, o no sería entendido por los sesudos, o el muchacho sería tenido por necio, tal vez por arrogante, posiblemente por cretino. Porque, además, estos correctores no lo son de lectura y reflexión, lo son de oído y apresuramiento (el «corre, conejo», que diría Updike).

No obstante, no se abochornen. La Filosofía, como la Historia y otras memeces de esta calaña, tiempo hace que han sido arrolladas, y la programada ineptitud con «aspecto de profesional del Intelecto» (Vita Sackville-West) es el certificado de defunción. Después de que el germano de defectuoso cuerpo y volcánica cabeza anunciase la muerte de Dios, le ha llegado la hora al Hombre.

Habré de rogar a Diógenes de Sinope que salga a las calles para identificar con su candil a aquellos que nacidos en la segunda mitad del XX todavía se honran a sí mismos con la voluntad inalterable de saber. Será para el discípulo de Antístenes una búsqueda colosal, pero merecedora de premio extraordinario, porque algún que otro queda emparedado entre tantas tapias.

(Este artículo trata de ser un homenaje a los opositores doctos que han sido barridos a las primeras de cambio en su intento por acceder a una plaza de profesor de Filosofía en la (des)enseñanza en Asturias, ya un tremendal).  

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¿Aprobaría hoy Bueno unas oposiciones de Secundaria?