Vivir como un rey


Cuando estaba en la Facultad estudiando Periodismo, recuerdo una noticia incómoda que se había colado en algunos programas del corazón. Era 2008 y Telma Ortiz, hermana de la entonces princesa de Asturias (la cual pedía una y otra vez intimidad porque ella no era famosa), había utilizado su rango familiar para registrar a su hija, recién nacida, fuera de horario de atención al público y en plena huelga de funcionarios de Justicia. Este tipo de noticias quedaban evaporadas al instante, tapadas e incluso desautorizadas, hasta que ocurrió el incidente en Botsuana y, afortunadamente, ese pacto tácito entre la prensa y la Casa Real (que era evidente que existía) quedó en agua de borrajas.

Me imagino que el rey emérito sabrá que aquellos años de silencio se terminaron. La verdad y qué hizo durante su reinado acabaremos sabiéndolo con todo lujo de detalle. La familia real ha reaccionado con decisiones estéticas, como la de ir reduciendo, al menos públicamente, sus actos conjuntos. No me extraña con todo lo que ha caído, sobre todo desde que conocimos el caso Nóos, que ha terminado con Urdangarín en la cárcel y la imagen de la infanta Cristina muy deteriorada.

Esta semana hemos tenido nuevas informaciones que hace que pensemos que conocemos muy poco de todo lo que podríamos saber. Mi enhorabuena a los medios que se han atrevido a publicar las grabaciones de Corinna zu Sayn-Wittgenstein con el excomisario Villarejo y el expresidente de Telefónica, Juan Villalonga, en las que acusa al rey emérito de usarla como testaferro, así como de las comisiones recibidas (80 millones de euros) por la construcción del AVE a la Meca. También traslado mi tristeza y desolación con aquella prensa que no ha dedicado ni una sola línea a algo tan importante y a la vez grave.

La historia que nos habían contado de Juan Carlos I se tambalea. Yo creo que es más que suficiente decir que una monarquía no tiene cabida en una democracia en el siglo XXI. Ahora con lo que se empieza a conocer quedará la imagen de la institución por los suelos, en un momento histórico en el que España vive graves problemas territoriales y que sigue sufriendo las consecuencias de la crisis. La monarquía es incompatible, a mi juicio, con cualquier planteamiento democrático y de futuro. Se acabó lo de vivir como un rey. Toca cambios profundos, bajo mi punto de vista urgentes, para conseguir una España mejor.

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