Entre Soraya y Pablo, prefiero a Merkel


Ya todo es decadencia. Cuando los triunviros acabaron con Cicerón, cortaron sus manos y cabeza para exponerlos en el ágora para escarnio público, sentaron un precedente que se cumple de modo axiomático en política: lo distinto es condenado. Lo hacen desaparecer. Así actuaron Octaviano, Marco Antonio y Lépido. Sin llegar a los cruentos extremos de aquella Roma, suicida y hostil, actúan los prebostes políticos del mundo. Los de España, más. Por eso María Dolores de Cospedal no compite para presidir el PP. Se la han engullido las masas de militantes que desean proseguir el dogma: apalear lo distinto para que la política no mude de piel. Son las modas. La actual es la de los Riveras y Sánchez y Casado. Son lo mismo. Soraya no. Soraya lleva un puñal comanche entre los dientes y cuando sonríe saltan chispas, como dardos, entre sus labios. Yo con Soraya no subiría en ningún barco: me naufragaría (y disculpen el neologismo verbal). Sin embargo, y pese a su sesgo sibilino, no es peor que Casado. No se fíen ustedes de aquellos que se pasan la vida sonriendo. Quizá no saben hacer otra cosa. España estará mejor en manos de Soraya que en las de los Sánchez, llámense Rivera o Casado. Es lo mismo, insisto. El disfraz y la cosmética. Por más que me lo pregunto no sé cómo hemos llegado hasta aquí. En realidad sí lo sé. Llegamos porque a la derecha le falta ideología y le sobran complejos. Y la izquierda, ya ven, se repite desde el zapaterismo, que como ustedes saben siempre he pensado que es lo peor que le ha pasado a España en democracia. A la derecha le sobraron hojas de cálculo, economía, y le faltó una manera de observar el mundo. Una perspectiva, que dirían los expresionistas, que fueron maestros en técnica tan matemática.

Quedan unos días para el congreso. Y yo, que soy conservador y provinciano, sigo llorándome por las esquinas, desvalido. Sin Dolores de Cospedal, qué va a votar el PP. Lo menos malo, imagino. O no, ya ven lo que han hecho los socialistas: votar a Sánchez, que acabará con el socialismo, tiempo al tiempo. Dejémoslo y hagamos votos ante la virgen de la Salud, que lleva el manto como sólo saben llevarlo las señoras Cospedal. Su mantilla en las procesiones era un soneto gongorino entre la política romancera de aquellos días. Nunca ganaría unas elecciones generales, cierto, pero por lo menos el PP sería de derechas y respondería a un ideario y una «perspectiva». Sin ella, sin la perspectiva, queda el cuchillo comanche de Soraya. Casado está tranquilo porque piensa que los muchos que detestan a la ex vicepresidenta, la que salvó a las televisiones de secta y se escondió cuando el PP más la necesitaba, está vencida. Yo no me fiaría. El PP no está para tener al mando de la nave a un muchacho que no deja de sonreír. Él, que ha vivido toda su vida de la política, quizá no sabe hacer otra cosa. Merkel, mi dama, solo sonríe cuando los Sánchez y Rivera de su Alemania muerden el polvo. Ella, a los conservadores, nos salva de la decadencia.

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