Cuéntame otra vez... la historia del Martillo de Santa Ana


Siempre me ha llamado la atención el agravio comparativo que supone que los propietarios de cualquiera de los solares que hay en nuestras ciudades puedan tenerlos durante décadas criando maleza y ratas, a la espera de tiempos mejores, que traigan bajo el brazo suculentos proyectos inmobiliarios, en comparación con las mil y una normativas y el laberinto burocrático al que cualquier ciudadano corriente y moliente se tiene que someter cuando quiere hacer una mínima obra en su casa. Ya se que hay ordenanzas municipales que obligan a los propietarios a tener limpias sus parcelas, y que incluso, si pasan de todo, como suele ser el caso, los ayuntamientos pueden incluso realizar la limpieza por su cuenta, pasándoles luego la correspondiente minuta mediante un proceso de ejecución subsidiaria. Sin embargo, se también que esto pasa muy pocas veces, y generalmente es gracias a una fuerte presión ciudadana. Que se lo cuenten a la gente de la Asociación Vecinal La Centralilla de Ciudad Naranco, que siguen luchando por la limpieza y la recuperación de toda la zona de almacenes industriales.

En los últimos días se viene hablando mucho del martillo de Santa Ana, uno de esos espacios degradados de la ciudad, especialmente sangrante por ubicarse en pleno corazón del Oviedo histórico. Se habló de él como futura escuela de música y con Caunedo en la alcaldía llegamos a ver las infografías de un Museo de las Reliquias que iba a colocarnos en la Champions del turismo religioso. En comparación, la iniciativa lanzada por la asociación Oviedo Redondo es mucho más humilde, sencilla y «low cost»: mantener los muros, pero abriendo las puertas para que la ciudadanía pueda disfrutar y transitar por el Martillo, reconvertido en plaza y espacio verde mientras no haya un proyecto serio para construir en él. No se trata de ninguna ocurrencia o extravagancia. En Zaragoza por ejemplo, mediante acuerdos con los propietarios, el Ayuntamiento ha logrado la cesión temporal de más de una veintena de espacios dentro del programa «Esto no es un solar», que a través de sucesivos planes de empleo los ha ido reconvirtiendo en zonas de juegos infantiles, parques, huertas urbanas, canchas deportivas... ¿No podemos hacer lo mismo con el Martillo? El Ayuntamiento ha apoyado la propuesta vecinal, pero Sánz Montes, que la volvió a liar este fin de semana en twiter hablando de la reforma de la LOMCE («Vuelve la dictadura totalitaria»), asegura que hay planes y que nada de parques, porque ahora SÍ tiene un proyecto para construir oficinas y viviendas. ¿De verdad? Me cuesta creerlo. ¿No va siendo hora de que desde el arzobispado den ejemplo y demuestren un poco de amor a la ciudad y a su patrimonio, empezando por el suyo propio, tan increiblemente maltratado? 

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