La política del tiempo


redacción / la voz

En otras épocas ser hombre o mujer del tiempo en la tele suponía ser un personaje controvertido. Los espectadores interpretaban que un sol en un mapa más bien impreciso era una verdad incontestable, un dogma de fe. Y a él se aferraban. Le ocurre hoy lo mismo a los meteorólogos. Cuando tienen que decir cómo va a ser el fin de semana o -horror- la próxima estación, son como un delantero del Mundial tirando un penalti. Si aciertas, no pasa nada, es lo que tienes que hacer. Si fallas… Con la era de la movilidad y las apps del tiempo las tornas han cambiado. Tenemos a nuestra disposición en el bolsillo mucha información actualizada a intervalos regulares y con predicciones horarias y fuentes diversas. Hay bandos y colores. Pero seguimos prestando atención cuando en la tele hablan de vientos, temperaturas y sensaciones térmicas. En Estados Unidos se ha montado un escándalo a cuenta de los meteorólogos televisivos. Cuatro senadores republicanos han pedido una investigación sobre una ayuda para que en estos espacios hablen sobre el cambio climático. Consideran que esa información es «propaganda» y «adoctrinamiento». Con esta lógica, la próxima vez que intercambien cuatro palabras con un vecino sobre el esperado anticiclón, sin saberlo estarán hablando de política.

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