El PP en su candelaria


Hoy no es 2 de febrero. Para toda España, menos para el Partido Popular. El segundo día de febrero es la fecha en la que un roedor simplidentado, una marmota, sale de su letargo para anunciar a los granjeros americanos si vendrá el buen tiempo. O no. El día de la marmota ya es un espectáculo mundial del que se ignora su origen: es una tradición religiosa cristiana. Los romanos llevaron sus modos de predecir el tiempo a los germanos, estos cambiaron las velas cristianas por erizos y en el mundo norteamericano los erizos se convirtieron en marmotas. Las cámaras se arremolinan ante una de ellas, cada año, aguardando que anuncie el fin del invierno. En el PP, lo mismo. Este sábado sabremos quien conducirá sus destinos: Casado o Santamaría. Yo escribí hace días mi elección: votaría a Angela Merkel. Es una falsa conjetura. Porque la dama broncínea es alemana. Canciller, y no cancillera. Presidente, y no presidenta, de la Unión Demócrata Cristiana: partido conservador, católico y liberal (adjetivos proscritos por algunos dirigentes del Partido Popular). El PP ha menguado por culpa de sus complejos, y no por la corrupción. Ha adelgazado por no saber crear ideología frente a la martingala de la izquierda: la propaganda y el populismo por bandera. El PP desfallece porque no ha tenido nunca una Merkel a la cabeza. Aznar fue el que con su desidia amparó toda la porquería que Rajoy, un buen hombre del siglo XIX, tuvo que tragar como cicuta.

El PP quiso ser más de centro que de derechas, y así le fue. Y así le va. Con dos candidatos, hijos de Aznar y Rajoy precisamente, disputándose la presidencia. Están a tiempo de rectificar. Los conservadores, liberales y católicos españoles lo precisan. Esos, como dije, son los tres adjetivos de los que no presume el PP.

Vuelvo a Alemania. Allí se declaran cristianos el 64% de la población: católicos, protestantes y ortodoxos. En España, el 69%. La CDU, el partido de Merkel, tiene claras sus prioridades. Aquí, no. Declarándose la inmensa mayoría de españoles católicos, se gobierna para las minorías. Quizá piensen los populares que eso les restaría votos. Y se equivocan. Del mismo modo que se equivocan vistiéndose de socialdemócratas. Y se equivocan, acabo de escuchárselo a una conselleira, diciendo «galegos e galegas», es decir, entrando en el juego del lenguaje que la izquierda impone. Como dije anteriormente, al PP le falta ideología. Y eso es lo que tiene que ganar este sábado: las ideas y el modo de mirar el mundo. Debían contemplar con detenimiento a Sánchez. Complejo ninguno. Donde llega (llámese economía, RTVE, educación...), arrasa con su discurso huero y sus 84 diputados. Quiere que sus ideas sean las únicas posibles. Por eso pretende laminar el catolicismo: porque representa el 69% de la población. El PP tiene que enarbolar hoy la bandera de los principios. En qué creen y con quién creen. Solo así la marmota, esa fiesta de origen cristiano (la Candelaria), anunciará que llega el buen tiempo.

El PP quiso ser más de centro que de derechas, y así le fue. Y así le va. Con dos candidatos, hijos de Aznar y Rajoy precisamente, disputándose la presidencia. Están a tiempo de rectificar.

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